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3.10.06

SALAMANCA Y LA INTERNET

Salamanca Valley


Le dicen “huifi”. Así, tal como suena. Y tiene a todos los salamanquinos en éxtasis. Los más comerciantes venden antenas artesanales en la calle. Los más consumistas, ya se han apropiado de todos los créditos para adquirir un notebook en cómodas cuotas mensuales. Cómo ve, Salamanca ya no sólo sabe de brujas y hechizos. También de conexión inalámbrica. Y la mezcla es explosiva.

La Nación

Katerinne Pavez

Para empezar el viaje de cualquier afuerino por Salamanca, comuna al interior del valle del Choapa en la Cuarta Región, un concepto básico: aquí la señal de Internet no se capta, se ve. Tal como si se estuviera frente a la tele.

Llegando al pueblo, que tiene algo más de 25 mil habitantes, encontré a un entusiasta guía turístico, de profesión maestro chasquilla. “Ah, el huifi”, me dice, cómo quien habla de algo que de tan repetido aburre. Al pasar, me cuenta de un inventor de antenas para captar la señal de Internet. Fuimos a ver. En la entrada de la casa, un cartel: “Antenas artesanales para el Wi-Fi”. Golpeamos. Abre la puerta el inventor en persona: Benjamín Franklin. Al cabo de unos segundos sale su padre: Franklin. Me dice sonriendo que La Nación fue el primer diario que lo entrevistó. Será por el Wi Fi -pienso- y recuerdo la crónica del día que se inauguró el asunto. Pero Franklin termina su frase: “La Nación fue el primer diario que nos entrevistó…hace cuarenta años”.


Gerardo Rojas, alcalde de Salamanca, está feliz con el proyecto. Dice que espera integrar a todas las comunidades rurales en el corto plazo.

Es que esta es una familia de inventores. Franklin ha dedicado su vida a la artesanía con cuescos de durazno. Con ellos retrata escenas de la vida de Salamanca, y por supuesto, su motivo principal son las brujas. Es que acá todos creen, y el que no, igual anda con un ajo en el bolsillo, por si acaso. Pero ese es tema aparte.

Benjamín Franklin Silva me cuenta que cuando era chico, inventó una antena de radio, y era el único en Salamanca que escuchaba emisoras de Viña del Mar. Era el salamanquino más actualizado en música.

Y con esto del Wi-Fi no fue diferente. Estuvo dos noches navegando en la web, buscando cómo funcionaban las antenas. Luego, ya que no era fácil encontrar los materiales necesarios, partió a Santiago. Con un curso de armado y configurado de computadores como único currículum escarbó entre los cachureos de las tiendas de electrónica hasta que dio con lo que andaba buscando. Hoy es el flamante vendedor de antenas (ya se han ido cuatro), y su casa se ha llenado de curiosos y potenciales compradores.

Es que el Wi-Fi prendió, aunque al principio pocos sabían de qué se trataba.


Benjamín Franklin - al centro y acompañado por sus padres- viene de una familia de inventores. Estuvo dos meses navegando en Internet para saber cómo armarlas, hasta que lo consiguió. Ya ha vendido cuatro.

La novedad del año

“Los viejos pensaban que les iban a regalar un computador”, me cuenta Angélica Navarro, dueña del negocio de sándwiches frente a la plaza. En la municipalidad les tuvieron que explicar que no regalaban equipos, pero sí Internet. Algunos se entusiasmaron tanto, que la venta de notebooks es uno de los negocios más prósperos por estos días y se espera que sea “la novedad del año” para Navidad.

Así lo confirma Gonzalo Basualto, encargado de la tienda DIN, la única multitienda que llegó a la ciudad. Según sus cálculos, ha vendido por lo menos un computador diario desde hace un mes. Es que la tienda se anotó un punto diseñando publicidad exclusiva y bautizando los modelos con nombres de las comunidades, como Salamanca, Pelambres o Chalinga. “Me mandan 20 computadores como stock y se me agotan en una semana”, asegura. Y para aumentar mi asombro, agrega: “Y siete de cada diez que se venden son notebooks”.

Basualto me dice que los salamanquinos son gente tímida. Llegan, miran, preguntan poco y compran en seguida. Eso es fácil de comprobar. Todo el mundo es amable y conversador, pero si enciendo mi grabadora, nadie habla. Por eso, mejor decido no usarla más y dedicarme a tomar notas. Al viejo estilo.

El Ciber Taxista

Pedro Saavedra lleva más de treinta años conduciendo su taxi por las calles de Salamanca. Vive en Chalinga, a cinco minutos del centro. Ama todo lo que huela a progreso, por lo que Internet no lo dejó indiferente, aunque nunca había usado un computador en su vida. Por lo menos, ahora sabe prenderlo. Se inscribió, como muchos otros, en las capacitaciones que se realizaban los sábado en la plaza, hasta
Pedro Saavedra es fanático de todo lo que huela a progreso. Ya compró su notebook y navega cuando no está conduciendo su taxi.

donde llegaba un “ciberbús” y un camión de la Fundación Minera Los Pelambres equipado con computadores. A propósito, esta fundación aportó el 70% del capital que se necesitaba para el proyecto, que costó 60 millones de pesos. Y si uno pregunta por la posible contaminación de la mina, se da cuenta de inmediato que ese no es tema prioritario para nadie.

Una de las quejas más recurrentes de los salamanquinos es que la señal se pierde, a pesar de tener las antenas cerca. Saavedra es optimista: dice que en los años setenta, y debido a que Salamanca es un valle entre altos cerros, ver televisión era una hazaña. Así, para los partidos de fútbol, o los eventos importantes, gran parte del pueblo se trasladaba a la entrada del cementerio, único lugar dónde la tele se veía bien. “Y así mismo va a pasar con el Wi-Fi, cuando pongan más antenas todos van a tenerlo en su casa”, me cuenta entusiasmado.

Gerardo Rojas, alcalde de Salamanca, está tan feliz con el proyecto, que espera instalar por lo menos dos antenas más en el corto plazo, y luego integrar a todas las comunidades rurales. Cuando vio una columna del senador Fernando Flores en la que hablaba del Wi-Fi, se matriculó de inmediato. Y ahora quiere que otros lo hagan y también ampliar la cobertura hacia los sectores rurales. En lo inmediato, su intención es poner dos antenas más, ampliando a once el número total. Para él, el efecto la llegada de Internet gratis -antes existían cibercafés y red Enlaces en las escuelas- no se puede medir aún. Pero por lo menos adelanta que “la gente anda contenta, se sienten bien y les sube la autoestima saberse integrados con el mundo, a pesar de que estamos tan lejos”.