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29.9.06

BRASIL ELIGE

Brasil elige

En una oportunidad, un Presidente estadounidense dijo que América Latina irá donde vaya Brasil. Todo apunta a que en el país más populoso e influyente de Sudamérica la centroizquierda seguirá al mando.

Raúl Sohr

Brasil era el país al que le calzaba medio a medio el dicho “una mitad no come y la otra no duerme”. El Presidente Lula se propuso en su Gobierno, por lo menos, superar la primera mitad de la ecuación. Con su programa Hambre cero y mediante las Bolsa Família, repartidas a once millones de hogares que reciben unos 25 mil pesos al mes del Gobierno federal, ha logrado que al menos la gente coma. El programa alcanza a unos 44 millones de brasileños, un cuarto de los 183 millones que habitan el país. La mitad de los beneficiarios está en las regiones más pobres del nordeste, donde dos tercios son analfabetos. En algunas zonas el ingreso promedio es de siete mil pesos mensuales. El impacto de la Bolsa Família es importante y los receptores lo agradecen con un respaldo incondicional a Lula, que nació en esa empobrecido zona.

Brasil es uno de los países con peor distribución de riqueza del globo, más incluso que Chile. Mientras los deciles superiores gozan de la gran vida, los inferiores viven en una miseria vergonzosa. Los desbalances regionales son tales que en un momento se decía que Brasil era una suerte de Belindia, mezcla de Bélgica con India. Claro que lo mismo podría decirse del país asiático, donde un tercio de la población ya tiene cierto bienestar versus los otros dos tercios. En ambos países, la peor parte la saca la gente del campo.

En lo que toca a Lula, que afronta el domingo la posibilidad de renovar su mandato por cinco años más, hay una duda: ganará de inmediato o deberá ir a segunda vuelta.

Las encuestas le dan una cómoda ventaja sobre su oponente más cercano, Geraldo Alckmin. Los últimos sondeos le otorgan entre 51% y 56% de respaldo. Pese a que el Gobierno ha debido enfrentar una serie de escándalos financieros y de influencias políticas indebidas, su popularidad es alta. Tiene el masivo apoyo de los sectores pobres, que reconocen las mejoras salariales gestadas bajo este mandato.

El cuadro, sin embargo, es menos alentador entre los que no duermen. La inquietud causada por la inseguridad ciudadana es alta. Los dos grandes temas de campaña son el desempleo y la delincuencia. Fenómenos que suelen caminar juntos. Una de las ciudades más afectadas por la delincuencia es Sao Paulo, el motor económico brasileño. En 2005, se registraron 7 mil 260 asesinatos, que pese a ser una cifra formidable fue 20% menor a 2004. También las violaciones y los robos armados están en baja. Pero en términos de percepciones, importa poco tras el traumático golpe asestado por el crimen organizado en mayo. El llamado Primer Comando de la Capital (PCC), mediante órdenes impartidas desde las celdas, lanzó ataques contra cuarteles policiales, quemó de buses, comercios y bancos.

La policía respondió con usual violencia. En julio y agosto, el PCC contraatacó con tal agresividad que paralizó todo Sao Paulo. Estas acciones criminales y represalias causaron 200 muertos. Parte de las acusaciones por la crisis apuntaron a Alckmin, que hasta poco antes se desempeñaba como gobernador y tuvo responsabilidad en el diseño de las políticas de seguridad ciudadana.

En una oportunidad, un Presidente estadounidense dijo que América Latina irá donde vaya Brasil. Todo apunta a que en el país más populoso e influyente de Sudamérica la centroizquierda seguirá al mando.