Confesiones de una turista espacial

Confesiones de una turista espacial
Cómo se lavan los dientes, cómo se ducha, que conversan y hasta que comen contempla la bitácora de vuelo de la millonaria estadounidense de origen iraní, la primera mujer en viajar al espacio en calidad de turista.
Cecilia Yáñez
La Nación
Antes que se confirmara su viaje, Anousha Ansari (39) dijo que quería servir como embajadora del espacio y que compartiría su experiencia con tanta gente como sea posible. La multimillonaria estadounidense de origen iraní también prometió que documentaría su misión con tanto detalle como le fuera posible y mostrar al mundo la vida en el espacio.
Hoy, tras siete días en el espacio y a millones de kilómetro de la Tierra, está cumpliendo con su promesa.
Desde que la nave rusa Soyuz-TMA-9 llegó a la Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés), Ansari envía material para actualizar casi a diario su blog http://spaceblog.xprize.org. No tiene acceso a un browser ni a correo electrónico en forma permanente pero cuando tiene la posibilidad envía material para su página y cuenta cómo es vivir en la estación.
“Todos tenemos una dotación de servilletas humectadas y secas, además de toallas húmedas. Cada uno recibe un kit de higiene que incluye una hoja y espuma de afeitar pero ningún tipo de maquillaje”, escribe Ansari en su blog.
La forma de lavar el cabello también es especial y por eso todos los astronautas prefieren mantener el pelo corto. Según Ansari, más que una experiencia, es un experimento. “Se toma una bolsa de agua y se forma lentamente una gran burbuja sobre la cabeza; luego se lava con un shampoo en seco. Pero al más al mínimo movimiento brusco las burbujas de agua flotan por todos lados”. Parte de esta experiencia la grabó en un video, que aseguró mostrará una vez que regrese.Ansari continúa su relato contando que toda el agua es reciclada, incluso el sudor. Al final del día, todos beben el sudor del otro.
La “cadete del espacio”, como firma a veces sus posteos, cuenta que quienes deben permanecer seis meses en la estación terminan improvisando a la hora de la ducha, por ejemplo, porque no hay llaves ni nada parecido.
Cepillar los dientes tampoco es simple. “No se puede enjuagar la boca y luego escupir, todo se traga. Los astronautas lo llaman el efecto menta fresca”.
Para ejercitarse, los cosmonautas cuentan con una especie de rueda de ardilla y una bicicleta estática “con la mejor vista del mundo”. Todos los días y a veces, hasta dos veces al día, los astronautas se entrenan allí para disminuir al máximo los efectos de la ingravidez en músculos y huesos.
Más de 30 amaneceres
En la ISS, los días comienzan cerca de las 4:00 GMT (medianoche de Chile) y terminan a las 19:30. A esa hora se terminan las actividades propias de la estación y cada uno tiene tiempo para relajarse, conversar, hacer algunas llamadas o simplemente mirar por la ventana y admirar la vista.
“La estación hace una órbita completa cada 90 minutos, así que cuando hablo de la noche no crea que es como en la Tierra con todo oscuro. El sol se levanta y se queda allí durante cada órbita. Así se pueden ver 32 amaneceres y hermosas puestas de sol durante el día”, escribió la turista.
Por las mañanas se hace una reunión general para cerciorarse que cada uno sabe lo que tiene que hacer y por las tardes, otra para revisar cómo se hizo y hablar de las actividades del día siguiente.
“Cerca de 18:30, cada uno toma su bandeja con la cena. Se calientan algunas latas e hidratamos el alimento liofilizado (sopa, puré y vegetales)... Los que llevan más tiempo en el espacio combinan los alimentos en busca de recetas nuevas”.
Anousha dice estar sorprendida por las buenas relaciones que se establecen en la ISS pese a que no existen lugares a donde ir y todos deben permanecer en constante roce. “Los astronautas son realmente inteligentes, afectuosos, pacíficos... puedo llamarlos superhumanos, pienso que debemos conseguir a uno como presidente ¡Son grandes líderes con una perspectiva única en el mundo!”.
La mayoría de los cosmonautas habla en inglés y quienes están en la estación, hablan ruso. “Lo divertido es que a veces, uno pregunta en inglés y contestan en ruso. ¡Eso se llama respeto mutuo! Si tuviéramos más gente así en la Tierra, tendríamos un lugar más pacífico para vivir”.

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