Educando, aprendiendo y jugando en el Bosque

La Dirección de Educación Municipal de el Bosque utiliza esta herramienta con el objetivo de que la Comunidad Escolar de el Bosque participe con comentarios, estudios y otras cosas en el Fortalecimiento de la Educación y la Cultura en nuestra Comuna.

25.9.06

Las nuevas realidades y la Política

Las nuevas realidades y la política

Luciano Valle Acevedo. Cientista político
En las resoluciones del último consejo general del Partido Socialista se habla de la Concertación como una alianza de carácter histórico y estratégica señalando que “es condición indispensable de su proyección la claridad de su misión, compartida por todos sus miembros y que no es otra que la instalación en Chile de un Estado social de bienestar y democrático de derecho, consolidado”. La dinamización de esta exitosa alianza y los objetivos históricos que se plantea requieren y suponen la tarea de registrar y asumir las nuevas realidades producidas como consecuencias de los procesos puestos en marcha por la misma Concertación, y que han generado nuevas demandas y desafíos así como también evidencias en los vacíos e insuficiencias en lo implementado.
La Concertación tiene bastante que revisar, porque es mucho lo que ha hecho, para transformar en el sentido del progreso, la justicia y la democracia, las condiciones de vida de los chilenos. Solo las necias porfías y sobreideologizados discursos, sobre todo de alguna derecha, intentan subvalorarlas. De cualquier modo, las dinámicas desencadenadas como producto de políticas puestas en práctica requieren de un nuevo esfuerzo de anticipación, análisis y procesamiento de las nuevas percepciones, y de la distinta naturaleza de las demandas de la sociedad chilena de hoy. Para asumir estas nuevas tendencias y datos de la realidad social y cultural que fluye se necesita recuperar los sentidos y alcances estratégicos de la política.
El requisito de recuperar la política implica, a su vez, superar el contexto autorreferencial de la misma, a veces limitada a discusiones sobre aspectos formales y específicos. No se trata de abandonarlos, pero sí de contextualizarlos en parámetros más amplios contribuyendo -con ello- a la recuperación del status de la política como lugar central de la sociedad, concebida como construcción humana, subjetiva y de interacción y no como un simple resultado de factores externos y ajenos al quehacer social. La política es más, sin dudas, que simple técnica sobre el poder y la administración de lo existente. A propósito de esto es que no pueden imponerse en el sistema creencias comúnmente aceptadas de la sociedad chilena como los enfoques que tiene el Banco Central, cuando señala que: “La capacidad del mercado laboral comienza a agotarse y eso se expresa en mayores salarios…. el (Banco Central) no dudará en usar política monetaria para evitar que las presiones derivadas del empleo desalíneen las expectativas del IPC”. Esta afirmación, hecha el 30 de marzo, implica que el Banco Central usará la política monetaria para mantener la cesantía por sobre el 7%. Lo dijo en difícil, pero eso es lo que significa.
La desocupación como funcionalidad económica, vale decir que sería útil para el equilibrio económico, está muy lejos de los humanismos que convergen en la Concertación y una de cuyas ideas fuerzas fundamentales es que la economía como ciencia, y toda ciencia como tal tiene como objetivo y fin a la persona humana. Ello supone hacerse cargo de criterios que superen el tecnocratismo que, a veces, impera en el abordaje de los problemas y sus soluciones que trae reminiscencias del despotismo ilustrado. Los efectos de un debilitamiento en la densidad de la política implican, entre otras cosas, menores aptitudes para observar las evoluciones y complejizaciones que van sufriendo las demandas y la naturaleza de las mismas. Las respuestas sobre la base de un repertorio instrumental desfasado inciden directamente como fuente de desviaciones y tensiones en el tratamiento de los problemas, que por su esencia, son dinámicos y requieren de los resultados de múltiples lecturas. Y no sólo de las lógicas técnico-instrumentales.
Las políticas públicas, las reformas institucionales, las adecuaciones de los procesos de gestión, la pertinencia cultural de los mismos, el reconocimiento de las identidades diversas de los actores sociales, de sus historias de vida y sus formas y usos consuetudinarias, van a estar influidos en lo fundamental por las concepciones que se tenga del orden social. Y los procesos y metodologías que se apliquen serán el reflejo de tales concepciones y del rol y estatus que le asignemos a la política entendida como construcción social y como administradora de una realidad dada y preconstituida.
Actualizar permanentemente las lecturas de las tendencias y el registro de datos en evolución, así como hacer esfuerzos en la recuperación y superación del estatus de la política implicará necesariamente elevar las capacidades y potencialidades del accionar colectivo de la sociedad chilena. Esto constituye un desafío para la Concertación y el conjunto de los sectores políticos y sociales. Es una tarea de la política en cuanto espacio y dimensión de tratamiento de conflictividades, y de construcción de consensos, en la comprensión de que la sociedad y la política, como espacio y quehacer, es lo común a todos.

Luciano Valle Acevedo. Cientista político
En las resoluciones del último consejo general del Partido Socialista se habla de la Concertación como una alianza de carácter histórico y estratégica señalando que “es condición indispensable de su proyección la claridad de su misión, compartida por todos sus miembros y que no es otra que la instalación en Chile de un Estado social de bienestar y democrático de derecho, consolidado”. La dinamización de esta exitosa alianza y los objetivos históricos que se plantea requieren y suponen la tarea de registrar y asumir las nuevas realidades producidas como consecuencias de los procesos puestos en marcha por la misma Concertación, y que han generado nuevas demandas y desafíos así como también evidencias en los vacíos e insuficiencias en lo implementado.
La Concertación tiene bastante que revisar, porque es mucho lo que ha hecho, para transformar en el sentido del progreso, la justicia y la democracia, las condiciones de vida de los chilenos. Solo las necias porfías y sobreideologizados discursos, sobre todo de alguna derecha, intentan subvalorarlas. De cualquier modo, las dinámicas desencadenadas como producto de políticas puestas en práctica requieren de un nuevo esfuerzo de anticipación, análisis y procesamiento de las nuevas percepciones, y de la distinta naturaleza de las demandas de la sociedad chilena de hoy. Para asumir estas nuevas tendencias y datos de la realidad social y cultural que fluye se necesita recuperar los sentidos y alcances estratégicos de la política.
El requisito de recuperar la política implica, a su vez, superar el contexto autorreferencial de la misma, a veces limitada a discusiones sobre aspectos formales y específicos. No se trata de abandonarlos, pero sí de contextualizarlos en parámetros más amplios contribuyendo -con ello- a la recuperación del status de la política como lugar central de la sociedad, concebida como construcción humana, subjetiva y de interacción y no como un simple resultado de factores externos y ajenos al quehacer social. La política es más, sin dudas, que simple técnica sobre el poder y la administración de lo existente. A propósito de esto es que no pueden imponerse en el sistema creencias comúnmente aceptadas de la sociedad chilena como los enfoques que tiene el Banco Central, cuando señala que: “La capacidad del mercado laboral comienza a agotarse y eso se expresa en mayores salarios…. el (Banco Central) no dudará en usar política monetaria para evitar que las presiones derivadas del empleo desalíneen las expectativas del IPC”. Esta afirmación, hecha el 30 de marzo, implica que el Banco Central usará la política monetaria para mantener la cesantía por sobre el 7%. Lo dijo en difícil, pero eso es lo que significa.
La desocupación como funcionalidad económica, vale decir que sería útil para el equilibrio económico, está muy lejos de los humanismos que convergen en la Concertación y una de cuyas ideas fuerzas fundamentales es que la economía como ciencia, y toda ciencia como tal tiene como objetivo y fin a la persona humana. Ello supone hacerse cargo de criterios que superen el tecnocratismo que, a veces, impera en el abordaje de los problemas y sus soluciones que trae reminiscencias del despotismo ilustrado. Los efectos de un debilitamiento en la densidad de la política implican, entre otras cosas, menores aptitudes para observar las evoluciones y complejizaciones que van sufriendo las demandas y la naturaleza de las mismas. Las respuestas sobre la base de un repertorio instrumental desfasado inciden directamente como fuente de desviaciones y tensiones en el tratamiento de los problemas, que por su esencia, son dinámicos y requieren de los resultados de múltiples lecturas. Y no sólo de las lógicas técnico-instrumentales.
Las políticas públicas, las reformas institucionales, las adecuaciones de los procesos de gestión, la pertinencia cultural de los mismos, el reconocimiento de las identidades diversas de los actores sociales, de sus historias de vida y sus formas y usos consuetudinarias, van a estar influidos en lo fundamental por las concepciones que se tenga del orden social. Y los procesos y metodologías que se apliquen serán el reflejo de tales concepciones y del rol y estatus que le asignemos a la política entendida como construcción social y como administradora de una realidad dada y preconstituida.
Actualizar permanentemente las lecturas de las tendencias y el registro de datos en evolución, así como hacer esfuerzos en la recuperación y superación del estatus de la política implicará necesariamente elevar las capacidades y potencialidades del accionar colectivo de la sociedad chilena. Esto constituye un desafío para la Concertación y el conjunto de los sectores políticos y sociales. Es una tarea de la política en cuanto espacio y dimensión de tratamiento de conflictividades, y de construcción de consensos, en la comprensión de que la sociedad y la política, como espacio y quehacer, es lo común a todos.