Latinoamericanismo y Chávez
Latinoamericanismo y Chávez
La sociedad consumista ha empobrecido igualmente la calidad de vida, que no debería hallarse condicionada por el dinero.
Jaime Valdivieso
Una vez más y en forma muy clara se muestra la evidencia de que Chile continúa fijado en la ideología y la tradición conservadora y clerical del pasado. La discusión sobre la píldora del día después y la eutanasia, por una parte, y las críticas y presiones para que la Presidenta Michelle Bachelet no vote por Venezuela para el Consejo de Seguridad de la ONU, confirman estos indicios. Desgraciadamente, demuestran, una vez más, cuán poco aprendimos de los años de la dictadura respecto de la unidad y la diversidad, tanto dentro de nuestro país como en el continente y lo arraigada que se hayan en nuestra idiosincrasia ciertos prejuicios que la historia ha demostrado como erróneos.
Creemos que la resistencia incluso de muchos de nuestra llamada izquierda contra Chávez se debe más al color de su piel, a su estilo abierto y desenfadado, que a lo que ha hecho en concreto por mejorar las condiciones de vida de su país y en favor de su ideario latinoamericanista de unión de nuestros países tal como lo ha logrado Europa y hoy busca Centroamérica. Esta misma corriente, un tanto vergonzosa para el país, es la que se tiene con otros presidentes que, como Chávez, no han querido someterse a los dictados de George W. Bush ni del Fondo Monetario Internacional ni del Banco Mundial y prefieren, como el Gobierno pasado, sobre el cual se ha tendido un manto sacramental, encontrarse más próximos a EEUU que de Néstor Kirchner, Evo Morales y Lula, por no mencionar a Fidel Castro, quien por casualidad es una de las figuras del siglo XX, además de héroe de su pueblo.
Todo esto parece olvidarse y ser olvidado por nuestros mandatarios a partir de la transición. Tal como decía Neruda refiriéndose a todos los presidentes, incluso el que consideraba el mejor hasta ese momento: Pedro Aguirre Cerda (de rostro semejante al de Michimalongo, según el poeta), ninguno aceptó el hecho de que en nuestros países existían indios. Pensamos que todo lo malo que tiene Chile, de donde derivan todos estos prejuicios se relaciona con este hecho, es por no haber aceptado que somos un país mestizo y nuestro porvenir está junto con los países hermanos, con los cuales compartimos nada menos que el pasado y el idioma.
¿De qué ha servido hasta ahora el TLC con EEUU si no para mantener el nivel de la pobreza y aumentar el poder de los empresarios? Y, sobre todo, en algo que ningún presidente parece haber notado, la pobreza ahora ni siquiera es digna, porque es una pobreza con tarjetas de crédito que llena de deudas. La inseguridad y la sociedad consumista, insolidaria y temerosa de perder el puesto han empobrecido igualmente la calidad de vida, la que no debería hallarse enteramente condicionada al dinero, sino por un sentimiento de seguridad, de disfrutar la amistad o una existencia sin premura. No existe un mínimo de felicidad sin calidad de vida, la que reside la mayoría de las veces no en la capacidad de comprar y endeudarse, sino en el sentimiento y la conciencia de la seguridad de sus vidas. Y esto no lo proporcionan las grandes empresas, sólo un Estado moderno y bien organizado.

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