Democracia:frágil,escéptica e ineficiente
VISIÓN ACADÉMICA Democracia: frágil, escéptica e ineficiente
Cuando no resistimos la tentación de sacrificar algunos derechos para lograr mayor eficiencia, lo que hacemos es socavar las bases de este sistema.
Rodolfo Figueroa G.
Profesor de Derecho de la U. Diego Portales
Algunas reflexiones sobre la democracia, a propósito de un nuevo 11/9 chileno, de las Fiestas Patrias y el Bicentenario que se nos viene encima. La democracia es frágil. No ha existido siempre y probablemente no lo hará. Tal como hoy la conocemos, data sólo de algunas décadas. Lo que en la época de Platón se llamaba democracia era literalmente “Gobierno de la mayoría”. Hoy, la noción de democracia constitucional es muy distinta porque incluye “respeto y protección de los derechos fundamentales”, de modo que no ocurra lo que temía Platón: que el Gobierno de la mayoría se transforme en “tiranía de la mayoría”.
En segundo lugar, la democracia es escéptica. A diferencia de los regímenes totalitarios, la democracia no descansa sobre una verdad revelada que se imponga recurriendo al aparato coactivo del Estado. Cada persona puede creer lo que desee y vivir como desee (siempre que respete derechos ajenos). Por esto, la democracia es tolerante y pluralista. Una ideología o una religión oficial del Estado se oponen a la democracia. Esto representa una debilidad, porque la democracia escéptica puede ser acusada de incrédula, herética, tibia, de no ser firme ante ciertos “valores” que se creen “absolutos”. Ser escéptico, agnóstico o relativista tiene mala fama entre los “iluminados”.
La democracia es a veces antielitista. Adopta decisiones que van en contra de los intereses de los influyentes, de los poderosos, quienes no sólo desean que siempre se les consulte sino que se gobierne como ellos esperan. En ocasiones, la democracia adopta decisiones contrariando a los influyentes. Esto la expone al reproche de elites indignadas, que tienen amplia llegada en los medios de comunicación (sobre todo si son sus dueños). Por cierto que este rasgo antielitista da a la democracia un carácter popular (no significa necesariamente populista). Por si fuera poco, la democracia es, además, ineficiente. La versión constitucional valora, por sobre todo, el respeto de los derechos fundamentales de las personas. Esto pone costos sobre el Estado, barreras que traban el logro de fines socialmente deseables. Por ejemplo, es más eficiente que la policía pueda “proceder” sobre posibles “sospechosos” que requerir una orden de aprehensión. Entre disminuir la criminalidad menoscabando derechos o tolerar cierto nivel de criminalidad por consideración a tales derechos, la democracia prefiere lo segundo. En materia económica, lo mismo. ¡Qué más ineficiente que los derechos sindicales! Cuánto se pierde con cada huelga. Pero la democracia se resigna a un menor progreso para proteger a los trabajadores.
Entre otras, estas debilidades son lo más preciado que tiene una democracia. Si nos decimos demócratas es porque creemos que es mejor ser políticamente escépticos, socialmente tolerantes, ideológicamente pluralistas y algo ineficientes en una serie de ámbitos. Cuando nos dejamos seducir por alguna verdad revelada o no resistimos la tentación de sacrificar algunos derechos para lograr mayor eficiencia, lo que hacemos es socavar las bases de este sistema, y es muy fácil hacerlo, porque la democracia es frágil, el más frágil de los regímenes conocidos.

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