Educando, aprendiendo y jugando en el Bosque

La Dirección de Educación Municipal de el Bosque utiliza esta herramienta con el objetivo de que la Comunidad Escolar de el Bosque participe con comentarios, estudios y otras cosas en el Fortalecimiento de la Educación y la Cultura en nuestra Comuna.

11.9.06

LA TERCERA EDAD DEL GOLPE

El 11 de septiembre de 1973 eran adultos, hoy son los abuelos que se desnudan para las nuevas generaciones
La tercera edad del golpe


Lucía celebró el 11 con champaña, pero meses después conoció de frente el horror al ver a su hijo en una tumba clandestina. Nora tardó 24 años en darse cuenta que la ‘obra’ de Pinochet fue en realidad un espanto. Estas y otra veintena de historias fueron recogidas en un libro y cobran vida en un documental. Se trata de las voces de civiles y militares, zurdos y fachos, pobres y ricos. De los ancianos del 11 de septiembre de 2006 y su recado en primera persona para los jóvenes del nuevo siglo.

Antonio Valencia
La Nación

“Cuando leo los diarios o escucho testimonios de aquellos que sufrieron horrores en el gobierno militar me siento culpable. Es como si fuera yo quien les hizo ese daño. He sufrido un cambio, un proceso que me abrió los ojos dándome vuelta el mundo. Duermo poco y leo durante la noche. A las seis de la mañana pongo la radio y a veces escucho los relatos de lo vivido por algunos durante el período de Pinochet. Antes decía: “Están mintiendo, cómo inventan”. Me importaba un comino. Y de pronto vi que estaban diciendo la verdad”.

Nora accede a brindar su testimonio. No es su verdadero nombre. No se atreve a darlo para protegerse. Tiene más 70 años y sus amigas del ex Partido Nacional no transitaron el mismo proceso que ella. Al contrario, aún piensan en forma diametralmente opuesta. No como antes, cuando todas declararon la guerra a la UP, esparcieron falsos rumores y llenaron su despensa con alimentos que les tomó años consumir. Pero a ella le angustia la idea de que sus amigas se enteren que ya no es la misma. Le teme a la soledad y no quiere perderlas. Por ahora sólo quiere entender los laberintos de la vida sin negar su infancia, juventud ni madurez.

Tardó 24 años en enterarse que el Golpe lo fracturó todo. No creía. “Cómo puedes ser tan ciega”, le decían otro par de amigos. Su marido le repitió también: “Gorda, se han cometido muchos excesos”. Entonces tampoco creyó mucho. “No, qué es eso, esa gente tenía que morir”, se decía. Hasta que empezó a leer y saber. Todo su mundo cambió y entendió que gente cegada como ella existe en todo el arco político, pero también entendió que la concertación la desconcierta y que la UDI es un partido de fanáticos.

Nora entrega su testimonio y agradece que hayan llegado a su casa las autoras del libro “De enterezas y vulnerabilidades. 1973-2003: Hablan los mayores”. Ellas son Eliana Bronfman y Luisa Johnson. “Somos las abuelas de la tribu”, lanzan al unísono. Y no están solas. En la sala también hay otra generación. Xavier Pacheco es un joven realizador audiovisual. Juntos tiran el carro para construir el documental “Cuando un anciano muere, es como si ardiera un biblioteca” (Imago Comunicaciones), la perfecta continuación visual, auditiva y, por sobre todo, emotiva, de los 26 testimonios contenidos en el libro.

“Nos dimos cuenta, nosotras que somos de la generación lápiz Bic o del grafito Faber Nº 5, que en los jóvenes de hoy la imagen es muy importante. El relato, la experiencia humana les llega mucho más con la imagen y el relato que con el hecho histórico en sí. Saben que se incendió La Moneda, pero desconocen los procesos evolutivos de las personas que vivieron y sufrieron, y desconocen los procesos que llevaron a otros a hacer otras cosas. En el libro y en el documental tratamos de huir a la cosa atroz para llegar más bien a lo que le pasa a la persona por dentro. Y eso toca mucho. A los jóvenes les llegar ver hasta qué punto el ser humano es capaz de resistir y sobreponerse, y esa fuerza interior la proyectan a su realidad”, anotan Johnson y Bronfman.

Munita y el Guatón Romo

Las 233 páginas recorren historias de vida al borde de la muerte, de la tortura y los desparecidos, cerca del terror y los abusos. Pero también de aquellos que convencidos de que la dictadura era un paraíso transitaron por los caminos del desconcierto, de las culpas, los autoengaños. Unas son lecciones de enterezas. Otras de muestras de las vulnerabilidades vistas frente al espejo y que no surgen por generación espontánea. Deben pasar años y hasta décadas. Para eso está el tiempo. Y el tiempo es sabio. Y quienes más tiempo acumulan son los abuelos, las verdaderas bibliotecas de la experiencia.

Lucía Castillo de Munita celebró el Golpe con una botella de champaña sin sospechar que su hijo Patricio, de 22 años, a los años se convertiría en una de las primeras víctimas del horror. Ella y su esposo habían decidido vivir en Estados Unidos para huir de la UP, pero con Pinochet todo era distinto. Viajó a Norteamérica a recuperar los muebles y volvió para la Navidad.

Pero Patricio nunca llegó. Había desaparecido. Lo buscaron en la morgue. Vieron cadáveres y angustia. Pero nada. Se entrevistó con autoridades, tenía contactos en esferas políticas y diplomáticas. Hasta que se enteró que el 12 de diciembre lo había matado una ráfaga de metralla. Dos meses después recibieron un dato: podía estar en el Cementerio General. Un guardia se compadeció y le dijo a Lucía: “Vinieron a sepultar a estos dos. ¿Cuál abro, ésta o esa?”. Y ella dijo aquella. “Y era él, mi hijo Patricio. El otro cuerpo era de Bautista van Schouwen (el mítico fundador del Movimiento de Izquierda Revolucionaria) como lo vine a saber mucho más tarde. Al día siguiente apresaron al guardia que nos ayudó y lo torturaron salvajemente”, narra Lucía.

Después supo cómo y por qué detuvieron a Patricio. “La mía fue una de las primeras demandas interpuestas contra Pinochet. La hice sola porque mi marido se oponía a participar en nada más después de encontrar a Patricio en el Cementerio”, relata Lucía. Supe que el Guatón Romo algo tuvo que ver. Se armó de coraje y consiguió una entrevista con él. “Mis hijas se oponían, decían que me haría sufrir”. Pero fue. “Estuvimos solos en una pieza ante una mesa”, cuenta en el libro. Romo le habló de Krasnoff y Moren Brito y que al cura capuchino le hicieron ver cómo torturaban a su hijo, que lo mataron en Villa Grimaldi y que lo lanzaron en una franja frente a la Viña Cousiño donde hay un eucaliptus. Ella fue al lugar. “Pero ahí estaba el eucaliptus enorme y la zanja, intactos. Pero mi hijo ya no estaba con nosotros”.

Sin nostalgia, sin fatiga

“Cada vez que nuestros alumnos leen en clase relatos como éstos se estremecen. Ahí nos damos cuenta de la importancia del libro”, comentan Johnson y Bronfman. Ambas conducen diálogos intergeneracionales en universidades, se alegran por la revolución de los pingüinos “cuando pensábamos que no estaban ni ahí”. Y conversan con sus alumnos sobre derechos humanos asumidos -dicen-, “como la única cortapisa para frenar el caos”.

No hay futuro sin pasado ni presente, repiten. Por eso rescatan la memoria y lo hacen en primera persona. Ahí están las cintas, las voces y los llantos guardados en casetes Sony. Y hablan militares y civiles, pobres y ricos, intelectuales de izquierda y dueñas de casa de derecha, moros y cristianos. Todos juntos para dar forma a un testimonio diverso cruzado por los años.

“Y esto no es nostalgia, es proyectar el futuro. De las historias los muchachos se interesan en saber cómo se construye el mal, cómo se lavan cerebros, cómo se cría la idea del culpable”, reflexionan las autoras del libro.

Xavier Pacheco, el realizador del documental, nació en el exilio y aborda otro tema de suma relevancia: “Yo y varios de mi generación tenemos problemas con temas como estos. Nos fatiga. Me cansa que se politice, me cansa el revanchismo, me cansa todo eso. Pero leí el libro y vi el abanico que muestra, y me di cuenta del genuino intento de ser objetivo dentro de una subjetividad. Esto permite que sea asimilado por adolescentes de 15 años que tienen una visión muy carente y generalizada de lo que pasó. En las clases de Eliana y Lucía el objetivo no es ver si la UP hubiese sido o no un Gobierno exitoso, sino hablar de los derechos humanos, de los derechos de los hombres. El gran valor de eso -cierra el documentalista-, es que permite nada menos que una perspectiva de futuro”.