Recordando a Beltort Brecht
En el cincuentenario de Bertolt Brecht
Manuel Drezner
En julio de 1954, en el Teatro de las Naciones de París se presentaba el Berliner Ensamble, dirigido por Bertolt Brecht, y el ensayo general de la obra presentada, Madre Coraje, nos fue abierto a los estudiantes. Después de la impresionante función, tuve la oportunidad de hacerle una entrevista al gran hombre de teatro, dramaturgo y director, que entró por derecho propio a hacer parte de la historia del teatro universal. Ahora, con motivo del cincuentenario de la muerte de Brecht, que se cumple en estos días, creo oportuno reproducir apartes de esa entrevista.
Bertolt Brecht, contra lo que uno pudiera creer, es más bien de corta estatura, con sonrisa a flor de labios y un modo de expresarse irónico. Cuando le solicité la entrevista, se mostró asombrado de que en la lejana Chile hubieran oído hablar de él, pero amablemente accedió, con la única condición de que no se tocaran temas políticos. Se tocaron varios temas sobre teatro, ya que amablemente Brecht no puso límite de tiempo, y los principales fueron los que siguen.
M.D.: Usted, maestro Brecht, ha ido en contra de las tradiciones del teatro de Stanislavsky, y ha postulado la “Teoría del alejamiento”. ¿Podría explicar en qué consiste?
B.B.: Uno de los objetos de las artes, y del teatro en especial, es ser didáctico, enseñar algo. Pero si el actor se compenetra tanto en su personaje, como pide Stanislavsky, sus emociones se transmiten al espectador y éste no es capaz de adoptar una actitud crítica. El método, no teoría, del alejamiento consiste exactamente en eso: la obra se presenta tal cual y el espectador la juzga desde lejos para poder captarla mejor. Para admirar una catedral, uno no está al pie de ella, sino a una cuadra de distancia. Lo mismo con el teatro.
M.D.: Pero en la obra que acabamos de ver, Madre Coraje, las emociones son inevitables y los actores evidentemente sentían a sus personajes. ¿No hay entonces una contradicción?
B.B.: Las emociones de ésta y otras obras provienen del texto, pero no de la identificación del actor con el personaje. El mensaje es claro gracias a que el espectador puede apreciarlo sin que interfiera la tragedia de la Madre Coraje y de sus hijos.
M.D.: ¿Y usted cree que se pueden evitar guerras porque existen obras como Madre Coraje?
B.B.: Esta no es una obra contra la guerra como puede serlo, por ejemplo, La mesa verde, el ballet de Kurt Joos. Lo que traté de mostrar en ella es que quienes tratan de medrar y hacer fortuna en las guerras, acaban siendo ellos también víctimas. Pero desgraciadamente no hay guerra que se haya evitado por ningún ballet o ninguna obra de teatro.
M.D.: ¿No hay algo de nepotismo en el hecho de que su esposa, Helena Weigl, es la actriz principal no sólo en Madre Coraje, sino también en cantidad de obras presentadas por la compañía?
B.B.: Helena Weigl es antes que todo una gran actriz y sólo después mi esposa. Si no fuera una gran actriz, estaría haciendo papeles secundarios o atendiendo el guardarropa. No olvide que este es un ensamble, en el que todos los miembros tienen derecho a opinar, y los otros actores han confirmado la escogencia de Helena en los papeles que hace.
M.D.: Hablando de otro tema, ¿es cierto que a usted lo enjuiciaron por irreverencia en los años 30 por un poema sobre Cristo?
B.B.: A mí me han tratado de enjuiciar muchas veces por mis creencias o mis obras. Pero en esa ocasión la víctima fue mi amigo el pintor George Grosz, quien hizo un dibujo para acompañar el poema en que mostraba a Cristo con una máscara antigás. Fue todo tan absurdo que a él lo declararon inocente y a mí no me alcanzaron a juzgar.
M.D.: ¿Qué sucedió con su ópera La condena de Luculo, que no volvió a ser presentada?
B.B.: La condena de Luculo, con música de Paul Dessau, se originó en un drama radial, donde mostré que Luculo se salvaba de su condena por las atrocidades guerreras que cometió, gracias a que introdujo las cerezas a Roma. Dessau le puso música y fue considerada por las autoridades como poco adecuada para el ambiente del país. Por eso fue aplazada, pero seguramente volverá a representarse en breve.
M.D.: ¿Y está bien que sean las autoridades las que se conviertan en críticas de ópera?
B.B.: Habíamos quedado en no hablar de política, pero debo decirle que yo fui invitado por las altas esferas del gobierno a discutir con ellas la ópera en una sesión que duró ocho horas. ¿En qué otra parte del mundo el gobierno pone tanta atención a una ópera?
manueldr@etb.net.co

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