La Libertad de Optar
La libertad de optar
Un niño debe ser amado, cuidado, orientado, acariciado. Merece siempre lo mejor. Idealmente, siempre tiene derecho a una vida digna.
Leila Gebrim Kozac
Dudi que haya algo más cansador que convivir a diario con la mediocridad y la hipocresía. Es un desperdicio de energía realmente agotador. Hablo por mí, como siempre. Ojalá alguien más se sienta identificado, pero en realidad estoy hasta la coronilla de los alharaquientos que, a cada sana medida, responden como si fuera acabo de mundo.
El deber de toda comunidad, principalmente del Gobierno, es tomar medidas pensando en el bien común. Si se pone a pensar en cómo reaccionará cada individuo quedaría paralizado, y si se deja llevar por presiones de grupos poderosos, terminarán gobernando para una minoría.
Así que, por favor, no hueveen más, porque la píldora del día después es la solución más delicada y decente para aminorar la calentura normal de los humanos, principalmente de los más jóvenes.
Mejor eso que abortos suicidas, maternidades suicidas, abandonos suicidas, todo bajo el lindo manto de que “a mí y a mi familia no le pasará”.
Uno nunca sabe lo que puede pasar, por mejor que se prepare o prepare a los hijos. Me parece maravilloso que un niño venga al mundo. No hago apología del aborto, incluso creo que el peso sicológico que paga una mujer que se lo practica es tremendo.
Sin embargo, detesto a los que rasgan vestiduras ante un embarazo indeseado. Crear un niño es una de las más hermosas y rigurosas tareas que puede tocarle a un ser humano, siempre y cuando tenga la voluntad y las ganas reales de hacerlo. Cuando no es así, siempre hay más de un herido en el camino.
Un niño no debería jamás sentir que es un peso. No debería jamás ser abandonado. No debería jamás ser maltratado, pasar hambre, frío, sufrir torturas sicológicas, no tener familia, hogar, protección. Un niño debe ser amado, cuidado, orientado, acariciado. Merece siempre lo mejor. Idealmente, siempre tiene derecho a una vida digna.
Pero la realidad no es así. Hay un gran número de mujeres jóvenes y muchachos jóvenes que, por opción, ha decidido eliminar una etapa de sus vidas para hacerse padres o madres, siendo aún casi niños. Los amo y los respeto.
También es cierto que hay un gran número de jóvenes que siente y carga sus hijos como un impuesto social por un presunto “pecado”. Los amo y los respeto por eso.
No tengo ningún juicio sobre cuál de ellos amará más o menos a sus hijos, porque a nadie corresponde saber qué lleva cada cual dentro de su alma. Sólo creo que para cualquiera de los dos grupos el ritmo de sus vidas ha sido inexorablemente otro.
Sí existe una opción médica, segura, que permita a esos jóvenes optar libremente si quieren o no convertirse en padres tan jóvenes, me parece, moralmente, una muy buena iniciativa colocarla a disposición de todos. Los que la quieran tomar, que lo hagan. Los que no, entonces que se abstengan de hacerlo.
Si son menores, que sus padres los aconsejen. Privar a la sociedad de esta o aquella elección, teniendo medios para que puede optar, eso sí es me parece inmoral, hipócrita y además poco democrático, porque cuantas más opciones tengamos, menos excusas habrá para decir: “Hice lo que no quería”.

0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home