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12.9.06

La Píldora totalitaria

La píldora totalitaria
Un Gobierno democrático tiene el deber de ejercer sus atribuciones todavía más en casos de emergencia y a fin de dar protección a los que la necesitan.

Julio Silva Solar

Frente al notorio aumento que se viene produciendo de la sexualidad precoz y el consiguiente embarazo de adolescentes, se rechaza por entidades respetables la medida de emergencia que proporciona a las afectadas mayores de 14 años, la llamada píldora del día después.

Sostienen que en lugar de la píldora hay que poner el énfasis en cosas más de fondo como el papel que corresponde a los padres, a la educación, a la justicia social. Naturalmente, nadie podría negar la importancia superior de estos aspectos pero a juzgar por los hechos, ellos no han logrado resultados efectivos. La acción de la familia, la educación, la justicia social se supone permanente. No es algo por lo cual debiera optarse sólo a partir de hoy. Ha existido desde antes pero los hechos muestran que no es suficiente.

En todo caso, la educación toma su tiempo, lo mismo puede decirse de una preocupación mayor de los padres y para qué hablar de la justicia social. Habría que cambiar el mundo para que llegue la justicia social. Tal vez nunca se alcance la justicia social dentro del capitalismo.

El mayor crecimiento de éste se traduce en mayor distancia entre los sectores ricos y pobres, o sea, en mayor desigualdad. Esto es así dentro de cada país y a nivel mundial. Nunca en la historia fue mayor la desigualdad que hoy. Se podrá mejorar en algo los niveles de pobreza pero no los de desigualdad.

Y sin perjuicio de los temas de fondo lo que se requiere por ahora y con urgencia son medidas que produzcan efectos inmediatos. Por eso se recurre a la píldora aludida. Ella no deja de lado las medidas de fondo sino que opera en forma paralela.

La Iglesia, como es sabido, no admite los medios anticonceptivos, como el condón u otros, ni tampoco por cierto el aborto.

Es un círculo sin salida pues parece que mientras menos se usen esos medios más se recurre al aborto. No quedaría otra solución que la abstinencia o la regulación natural conforme al período de fertilidad. Pero los jóvenes o gran parte de ellos no quieren saber nada de eso. No son soluciones reales para la emergencia en este momento.

Lo cual no quita que la Iglesia se empeñe en atraer a los jóvenes a sus posiciones. Eso es legítimo y respetable. Nadie podría negarle ese derecho y en todo caso siempre es bueno escuchar su voz. Pero la alusión que relaciona esta política del Gobierno con la de regímenes totalitarios, está completamente de más. Podrá discutirse acerca de la necesidad de un debate más amplio o de una mayor elaboración de la medida, pero la palabra totalitaria sobra.

Hay que tener cuidado con las palabras. Recuerdo cuando otros invocaban el peligro totalitario para desestabilizar el Gobierno democrático de Salvador Allende, con los resultados de todos conocidos por 17 años.

Nada más desproporcionado que atribuir al Gobierno el propósito de regular la vida íntima de las personas. A nadie se le está imponiendo nada. Sólo se ofrece una opción (que otros compran) para conjurar una grave situación de salud pública que afecta especialmente a sectores sin recursos.

Un Gobierno democrático tiene el deber de ejercer sus atribuciones todavía más en casos de emergencia y a fin de dar protección a los que la necesitan.