Equidad y Calidad Educativa
Equidad, condición de la calidad educativa
Iván Ortiz
Investigador del CIDE. U. Alberto Hurtado
EL DEBATE NACIONAL sobre educación experimentó un giro importante desde el año pasado: al eterno problema de la calidad se agregó, superponiéndosele, la equidad. No sólo tenemos pobres resultados de aprendizajes, sino que hemos diseñado un sistema que concentra alumnos pobres en ciertas escuelas (municipalizadas en su mayoría), alumnos de medianos recursos en otras y ricos en las privadas. Por fortuna, el tema de la equidad está recuperando protagonismo y la sociedad comienza a considerar lo pasado como inaceptable: tenemos un problema de calidad y de equidad. Pero, ¿son distintos o están relacionados? ¿Requieren soluciones diferenciadas?
La eliminación del fraccionamiento social de la enseñanza tiene un rol estratégico para mejorar los resultados del aprendizaje. Las mediciones nacionales e internacionales en que Chile ha participado muestra que los bajos logros se originan principalmente en aquellos establecimientos que concentran población escolar de bajos recursos. Lo que ocurre en esos establecimientos tiene una relación directa con aquellas regulaciones que permiten a otros seleccionar a sus alumnos. En efecto, la selección social y académica que realiza la mayoría de las instituciones particulares seleccionadas, en connivencia con los padres y apoderados, no puede sino resultar tarde o temprano en la concentración de estudiantes excluidos en los lugares que están obligados a aceptarlos. Estos alumnos se unen a otros que no tienen otra opción, o cuyos padres nunca la buscaron, conformando ambientes escolares donde la tarea educativa se vuelve difícil: es sabido que enseñar a los de menos capital cultural y códigos de socialización lejos de los requerimientos de la escuela, es mucho más difícil. Aun los docentes más optimistas y bien intencionados, requieren de una gran tolerancia a la frustración para no ceder a la tentación de darse por vencidos cuando año a año palpan la lentitud del aprendizaje en esos alumnos, los déficit que acumulan, los fracasos en el Simce.
La mayoría de los docentes de esas escuelas no resiste y desespera. El resto es conocido: la organización escolar como un todo sucumbe y se dedica a administrar una profecía auto-cumplida; esos niños no pueden más. Hay notables excepciones que... confirman la regla.
Entonces, la segmentación social de la educación sí tiene que ver con la calidad de los aprendizajes, porque está en la raíz de la cultura fatalista que produce malos resultados en escuelas pobres. En un escenario alternativo, donde la selección social y académica por parte de las escuelas no tuviera lugar se conformarían escuelas con más mezcla social. Los alumnos más pobres se sentarían al lado de compañeros, no del sector ABC1, pero sí de otros menos pobres y de diversas clases medias.
Este escenario es mucho más favorable para el aprendizaje de los pobres; hay evidencia contundente de Chile y de muchos países que participaron en el estudio PISA de que los alumnos pobres aprenden más en clases socialmente heterogéneas que rodeados sólo de otros compañeros pobres. Algunos lo llaman efecto pares, pero es un efecto sistémico complejo que, entre otras cosas, reduce sino elimina el fatalismo. Acá la profecía que mueve a la organización escolar es una de mayor expectativa de éxito.
Consecuentemente, las cosas empiezan a funcionar, las clases y las reuniones pedagógicas de los docentes tienen más sustancia, el clima que reina estimula a los alumnos a mostrarse más preparados, los problemas de disciplina son controlables, se logran mejores resultados. Tales escuelas también existen en Chile, incluso en el sector municipalizado, donde conviven alumnos de nivel socio-económico bajo, medio-bajo y medio, en proporciones variables; pero lamentablemente hemos investigado poco su cultura escolar, resultados y detalles de su composición social (porque no cualquier mezcla es efectiva).
¿La equidad educativa entonces es la solución para el problema de la calidad? El análisis comparativo de políticas educacionales en diversos países sugiere, para casos como el de Chile, tomar medidas que contrarresten la segregación socioeducacional, así como medidas focalizadas que provean recursos pedagógicos suplementarios o de mejor calidad a las aulas de los establecimientos con malos resultados. Si bien la combinación de ambos tipos de medidas es más promisoria que una sola, la novedad del debate educacional actual es la urgencia de reducir la segregación para cambiar la cultura de la escuela.
La focalización de mayores recursos en las escuelas de peor rendimiento es una política necesaria -abierta a la discusión sobre cuántos recursos y cuáles- pero ha mostrado su insuficiencia. Es hora de las políticas de integración social. Sin equidad difícilmente tendremos mejor calidad de los aprendizajes.

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