Educando, aprendiendo y jugando en el Bosque

La Dirección de Educación Municipal de el Bosque utiliza esta herramienta con el objetivo de que la Comunidad Escolar de el Bosque participe con comentarios, estudios y otras cosas en el Fortalecimiento de la Educación y la Cultura en nuestra Comuna.

14.9.06

A LA IZQUIERDA DEL 11

A la izquierda del 11
Manuel Guerrero Antequera

El 11 de septiembre está grabado en nuestra retina colectiva como el día de la catástrofe de la palabra, del discurso, de la posibilidad de conceptualizar, de abrir el debate, de sopesar argumentos, de convencer y sumar. Lo acontecido ese día hace 33 años fue precisamente perpetrado para que el pueblo chileno, en general, y la izquierda, en particular, quedaran sujetos a él como el día del dolor, definitivo, amargo y gris. Así, una vez más hemos asistido a un 11 donde el Presidente es asesinado antes de poder convocar a un plebiscito para que sea el verdadero soberano el que dirima acerca de su destino. Cada 11, la voz del Presidente es ahogada para recordarle al futuro el precio de provocar el odio de quienes se consideran, desde posiciones de privilegio, propietarios naturales del mundo de la vida.

Como ocurrió con los dos intentos de rebelión, en 1851 y 1859, contra el Gobierno conservador de Montt, donde los igualitarios levantados con el apoyo de artesanos exigieron el reparto de tierras, educación popular y democratización de las elecciones, para que todos los sectores de la sociedad tuvieran posibilidad de representación. Prisión, exilio y muerte fue la respuesta. Como volvió a suceder en 1891, cuando ante el intento del Presidente Balmaceda por aumentar y dar una orientación social al gasto fiscal, la mayoría de los partidos políticos del Congreso vinculados a la elite respondió militarmente con la Marina, llevando a la muerte a más de 10 mil personas, incluyendo al Presidente de la República, que se suicidó tras nueve meses de resistencia. Así como con los obreros del salitre que tuvieron la osadía de declararse en huelga, en diciembre de 1907, en Iquique, cuando el salitre proporcionaba más de 80% del valor de las exportaciones chilenas y su propiedad era controlada fundamentalmente por empresarios ingleses y españoles y por algunos chilenos: el Ejército sofocó la huelga con una matanza de 2 mil compatriotas.

El 11 de septiembre no es otra cosa que la repetición compulsiva de la elite chilena de intentar fijar en la memoria social lo que ha pretendido que sea una constante en la historia: que la propiedad y explotación de la tierra, la plata, el oro, el trigo, el salitre, el cobre, los bosques y las aguas no es prerrogativa del conjunto de la sociedad, sino ámbito privado e intocable de pequeños grupos, nacionales y extranjeros, de acuerdo a los cuales hay que gobernar por los tiempos de los tiempos. Que los inquilinos, peones, artesanos y proletarios, así como tarde o temprano la izquierda, el feminismo, las políticas gay y lésbica, la ecología y las minorías étnicas puede que lleguen a tener, si presionan, un lugar de representación en el sistema político. Pero cuestionar el modo en que la economía funciona es un terreno prohibido, pues ahí se juega todo.

Y es este recordatorio lo que cada 11 de septiembre vuelve a fallar. Pues las elites vuelven a enterarse en la calle o por la prensa que el intento de clausurar, cerrar los espacios, siempre fracasa. Que la memoria social en forma compulsiva también vuelve con otros contenidos, desde otros lugares y expone su voluntad de querer jugar el juego de verdad, aunque sea desde el recuerdo de quienes se atrevieron a jugarlo. Y esto a pesar de las miles de muertes. A pesar del metal tranquilo de la voz del Presidente apagándose en la transmisión de Radio Magallanes. A pesar de la Escuela Santa María de Iquique, del disparo de Balmaceda, el exilio de Bilbao y la “pacificación” del sur de Chile.

Se trata de algo que la izquierda debiera ser capaz de hacer suyo. Que el 11 es el día en que queda claro que lo relevante no es el nombre, la bandera, el color, la consigna, sino lo que la propia elite siempre ha tratado como tabú: la propiedad de las aguas, los bosques, el cobre, el salitre, el trigo, el oro, la plata y la tierra. En definitiva, que lo esencial es la repolitización de la economía, de modo que haya mayor control social de ella, del uso de nuestros recursos, porque quienes padecen el rigor de la vida saben dónde están las prioridades para fijarlas: salud, educación, trabajo y vivienda digna, el aire y las aguas limpias.

La izquierda vuelve a vivir cuando retoma la iniciativa y se lanza a la reflexión rigurosa. Traspasa el umbral del dolor cuando genera mayor organización y articulación de particularidades que permiten hacer cambios estructurales para profundizar la democracia con justicia social. Los 11 de septiembre han de ser días de emancipación de la derrota, de crítica y puesta en acto de todo lo que no se hizo y queda por hacer para que no haya otros 11. No por miedo a la muerte, sino por voluntad y deseo de construir la sociedad por venir.