Educando, aprendiendo y jugando en el Bosque

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12.3.07

Maria Maluenda

María Maluenda
Cuando estimó que había cumplido su tarea, se retiró del escenario público, herida de un dolor incurable. No es una mujer vencida por los años ni las enfermedades. No quiere ser una figura emblemática del pasado.

Luis Alberto Mansilla
UN DOCUMENTAL QUE VIMOS en el Cine Arte Alameda nos devolvió la imagen de María Maluenda, quien allí hace recuerdos de su trayectoria en la vida y en los escenarios. Sus autores, Francisco Casas y Yura Labarca, rescatan de la erosión del olvido a una actriz y a una militante política que afrontó con un coraje admirable las contingencias más duras y trágicas. Ahora es una mujer de 86 años, que no ha olvidado nada y puede recorrer con una mirada lúcida una historia que no es sólo la suya, sino la de la cultura y la vida de Chile durante más de 70 años.
El filme no es puramente nostálgico. Sus imágenes regresan a una muchacha que fue una intérprete eximia de poesía. Dejó atrás a las recitadoras grandilocuentes, antiguas y melodramáticas para ser una voz exacta de las estrofas de Gabriela Mistral o de Pablo Neruda. Su vocación fue la lectura lírica desde sus años de liceana o de estudiante de derecho en la Universidad de Chile. Entonces, la conmovía la guerra civil de España, por la que adhirió con pasión a los republicanos. Era bella y delicada. Alguien dijo que parecía una muñeca de porcelana, pero no era sólo eso. Sus definidas opiniones políticas no la encerraban en una torre de marfil.
Pensaba que la vida es hermosa pero corta. Una manera de multiplicarse era meterse en la piel de diferentes personajes, creando vidas distintas. Esta convicción hizo que le dedicara sus afanes más relevantes al teatro. Apareció como una de las fundadoras del Teatro Experimental de la Universidad de Chile desde la función inaugural, el 22 de junio de 1941, el mismo día en que Hitler invadió la URSS. Fue la protagonista de una obra de Ramón Valle Inclán llamada “Ligazón”.
Con ella se abrió el telón una mañana histórica. Luego, fue la heroína de “El caballero de Olmedo”, de Lope de Vega; la hija rebelde en “Seis personajes en busca de autor”, de Luigi Pirandello; la coqueta Olivia de “Noche de reyes”, de William Shakespeare, y así en casi todos los montajes de un conjunto que desencadenó una revolución en el teatro chileno. María fue una actriz de primer rango en el cine nacional de los ’40.
Filmó una película llamada “Hollywood es así”, en la que el director Jorge Délano hizo desfilar a Chaplin, los hermanos Marx, Charles Boyer y Alfred Hitchcock en los sueños de una niña ganadora de un concurso para viajar a la ciudad del cine.
María fue también primera actriz de radioteatros y de las temporadas de viejos actores como Alejandro Flores. Fue contratada por la BBC para sus programas en español, allí profundizó su amistad con Roberto Parada y regresaron casados desde Londres. Fue un matrimonio que duró siempre y un dúo indispensable del teatro y de la animación de los mítines de la izquierda. Acompañaron a menudo a Neruda en sus recitales a lo largo del país.
Ofrecían recitales brillantes de Whitman o Mayakoski cuando no estaban en alguna obra en cartelera. Militaron en el Partido Comunista, no como adherentes decorativos: para María significó el contacto diario con pobladores, mujeres trabajadoras, sindicatos, campesinos. Fue electa diputada y no permaneció en un sillón, aunque eso significara abandonar algún tiempo su trabajo en el teatro. Aceptó durante la Unidad Popular el cargo de embajadora en Vietnam mientras arreciaban los bombardeos norteamericanos y los horrores de la guerra. Conoció a Ho-Chi Minh y desempeñó su misión sin aceptar privilegios e inserta en la vida diaria de un pueblo heroico.
No emigró ni eligió el exilio durante la dictadura, pese de figurar con su marido en las listas negras que impedían cualquier trabajo en televisión o teatro. Los peligros para ellos y sus dos hijos no resultaron imaginarios. El hijo, José Manuel Parada, funcionario de la Vicaría de la Solidaridad, fue asesinado por la CNI. Significó la mayor tragedia en la vida de la familia. Roberto Parada representaba entonces en el teatro Ictus “Primavera con una esquina rota”, de Mario Benedetti. Recibió la noticia terrible en medio de una presentación. Aún devastado por la muerte de su “hermoso hijo” dijo -como los viejos actores- “la función debe seguir”.
Maria Maluenda no enmudeció. Denunció el crimen y a sus autores en todas las tribunas. El teatro le sirvió para sofocar sus desgarramientos cuando era necesario ser la voz de la lucha por la democracia y contar sobre una dictadura que estrangulaba el alma de Chile y su tradición humanista. Creía que se debía dejar todo sectarismo para golpear unidos en los mismos objetivos. Renunció al Partido Comunista y se unió a la Concertación en la reconquista de la democracia. Demostró que no estaba equivocada y que los otros caminos sólo conducían a la aventura y la irracionalidad. Fue elegida de nuevo diputada y le llenó de orgullo ser la presidenta de una Cámara libremente electa después de una dictadura que agotó todo asombro.
Cuando estimó que había cumplido su tarea, se retiró de todo escenario público, herida siempre por un dolor incurable. No es una mujer vencida por los años ni las enfermedades. No quiere ser una figura emblemática del pasado, entiende que hay que despejarle el camino a las nuevas generaciones. La película que vimos es algo más que un homenaje a una vida digna de admiración. Es como un ajuste de cuentas que nos hace deudores suyos.