Sexo / pura Paja
Sexo / Pura paja
Podrá haber mucha apertura sexual, pero la masturbación sigue siendo uno de los instrumentos de placer más usados por hombres y mujeres.
CUANDO FRANCISCO, 31 años, vio a su padre, de 60, masturbándose en el baño, casi le da un soponcio. Como nunca lo ha notado especialmente cariñoso con su madre, lo primero que se le vino a la cabeza fue que le estaba siendo infiel. Eso mismo le pasó a una paciente del doctor Carlos Pol, psiquiatra y sexólogo, cuando en plena terapia de pareja, la mujer le dijo que dudaba de la fidelidad de su esposo porque lo había encontrado con las manos en la masa frente al computador. "La del problema era ella, por sus prejuicios -explica Pol-; autosatisfacerse es de lo más natural, y es mejor que irse a buscar a otra".
La masturbación no sólo no es mala, sino que es un derecho, incluso proclamado oficialmente durante el XV Congreso Mundial de Sexología, celebrado en París en 2001. Allí los expertos recordaron que no es ni pecado, ni perversión, ni vicio, ni trastorno de la personalidad. Incluso hace parte de las terapias para eyaculadores precoces y mujeres anorgásmicas, ya que ayuda a conocer el ritmo y la sensibilidad de cada cual y cuánto se demora en alcanzar la meseta preorgásmica, etapa previa al estallido del orgasmo.
Por el contrario, los especialistas afirman que no masturbarse sí es motivo de preocupación. "Las mujeres que no se masturban son completamente anorgásmicas en su inmensa mayoría, casi en un 95%", escribe el doctor Jesús Ramos, psiquiatra del Hospital Ramón y Cajal de Madrid, en el libro Un encuentro con el placer: la masturbación femenina. "Si existe un silencio intencionado socialmente de la masturbación masculina, por calificarla de vicio o pecado, la femenina ni siquiera se menciona", explica el doctor Pol. Sin embargo, el estudio del doctor Ramos concluye que entre el 85% y el 93% de las mujeres orgásmicas se masturban.
Pecado original
La masturbación es inherente a la naturaleza del hombre y de la mujer. En la adolescencia es considerada como una vía primaria de autosatisfacción; en la adultez, es una forma de reconocimiento. Sin embargo, carga con un peso social que todavía hace que la gente se sonroje al mencionarla, aunque le parezca exquisito practicarla.
Todo porque el onanismo fue condenado por la propia Biblia. Cuenta el libro del Génesis que a Onán, segundo hijo de Judá, la Ley Judía lo obligó a casarse con Tamar, esposa de Er, su hermano fallecido. Por temor a que, según las leyes de la época, sus hijos con Tamar fueran considerados como de Er, Onán decidió no tener hijos con ella, para no perder los derechos de la herencia. En consecuencia, cada vez que copulaban, Onán vertía su semen sobre el vientre de Tamar. Por su codicia, Dios lo castigó con la muerte.
A partir de entonces, la masturbación fue catalogada como un pecado durante siglos por usar el placer sin fines reproductivos. De ese sentimiento de culpa quedan rezagos. Alrededor de las 3.000 preguntas que le llegan al doctor Pol a su correo haciéndole consultas sobre todo tipo de inquietudes sexuales, 25% tienen que ver con la masturbación.
Pero si la religión fue mojigata, la ciencia no se quedó atrás. En 1758, el reconocido doctor suizo Simon-André Tissot en su libro Onanismo -que fue editado 63 veces de 1760 a 1905- escribió cómo la masturbación, incrementando la presión sanguínea en el interior del cráneo, conducía a la locura y, en muchas ocasiones, a la muerte. Fue el comienzo de una mitología que creció hasta inventar que quien la practicara se podía quedar ciego, le saldrían pelos en las manos o empezaría a babear, entre otras muchas afirmaciones.
Aunque el tabú ha ido desapareciendo, y hoy cada quien se masturba cuando se le antoja, los expertos han intentado detectar por qué muchos hombres y mujeres la siguen practicando incluso después de casados.
Una de las razones es la insatisfacción, en la mayoría las ocasiones derivada de una mala relación de pareja. Sin embargo, también están los casos de aquellos con una vida sexual activa y placentera, pero que disfrutan por igual de la masturbación. "Eso es hedonismo intimista -explica Pol- porque no todo coito es tan gratificante, la persona puede quedar con hambre y requerir un suplemento, lo cual no quiere decir que sea patológico o anormal".
Javier, de 37 años, tiene sus razones para disfrutarla: "Quita la arrechera, ayuda para que uno no esté haciendo llamadas malditas y confirma que es una delicia estar solo". Pedro, de 32, lo tiene aún más claro: "Porque nadie se conoce mejor que uno mismo". Y Juan Fernando, de 35, concluye: "ese placer no lo encuentras nunca en una relación sexual". O si no, que lo digan las mujeres, que siempre se quejan de que los hombres nunca piensan en ellas durante la relación. Carolina, de 33 años, se masturba desde su adolescencia, y ha descubierto que lo disfruta mucho haciéndolo con su pareja, con la que lleva un lustro. "Al verme masturbándome -cuenta- aprendió cuáles eran las zonas que más me causaban placer y eso nos benefició a ambos". Por eso debe ser que a pesar de que cada día las relaciones son más abiertas, el placer individual no lo reemplaza nada ni nadie.
CUANDO ES DEMASIADO
La masturbación se vuelve un problema cuando es un hecho compulsivo. Cuando es la única forma de gratificación sexual y cuando produce la necesidad de estar masturbándose permanentemente -12 a 15 veces al día- causando un agotamiento físico notorio que lo hace perder cualquier tipo de atención.
También hay personas obsesivas que por el terror al sida, prefieren la masturbación a cualquier relación de pareja. "Estas personas están en una situación fronteriza -explica el psiquiatra Carlos Pol- porque la obsesión por evitar el contagio los puede llevar a la incomunicación".

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