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9.1.07

La Oportunidad de la Concertación

La oportunidad de la Concertación
Nadie es dueño del poder. La coalición gobernante debería considerarse afortunada de tener identificados los problemas que necesita resolver con urgencia.
Sergio Muñoz Riveros
LOS LÍDERES DE la Concertación saben por dónde pueden venir la decadencia y la derrota. Es difícil que sea por la eventual aplicación de una política económica errática o desajustada de la realidad, puesto que el aprendizaje en ese terreno es suficientemente sólido; tampoco por una hipotética muestra de insensibilidad o incompetencia para atender las demandas sociales; mucho menos por cometer errores en la relación con los países vecinos. Lo más probable es que la declinación venga por la pérdida de autoridad moral ante el país, lo que podría ocurrir si la mayoría de los ciudadanos llega a la conclusión de que la Concertación, prisionera de la inercia del poder, asume una actitud indulgente frente a los casos de corrupción y opta por proteger sus intereses partidarios antes que el bien colectivo.
Es mejor no taparse los ojos. De acuerdo a la encuesta CEP de diciembre, la Presidenta Michelle Bachelet superó bien la prueba de los recientes escándalos y la coalición gobernante demostró que todavía resiste los sacudones, pero 59% de los consultados considera que los partidos políticos son las instituciones en las que está más extendida la corrupción, mientras que 83% estima que ésta penetra en la administración pública por efecto del cuoteo político.
Lo único que sirve es enfrentar la realidad tal como es. Negarla, por razones tácticas o de otra índole, sólo agrava los problemas. Después de casi 17 años en el Gobierno, los dirigentes concertacionistas saben cuál es el talón de Aquiles de la coalición: el caudillismo, el clientelismo, la relación malsana de los partidos con el aparato estatal, la subcultura del aprovechamiento del poder. El combate contra esos males es vital no sólo para el futuro de la coalición gobernante, sino para la calidad de la democracia y las perspectivas de progreso de Chile.
Admitamos que ha habido formulaciones desmedidas y diagnósticos mal hechos por parte de algunas figuras del oficialismo. Sin embargo, esto no debe hacer perder de vista la cuestión de fondo: la voluntad de erradicar los vicios.
La Concertación recuperará fuerzas si los ciudadanos perciben que sus representantes siguen teniendo presente el interés nacional y llevan a cabo un esfuerzo persistente por democratizar y transparentar el funcionamiento de los propios partidos. Si estos actúan como sectas, o máquinas destinadas a capturar parcelas del Estado, o agrupaciones para el reparto de cargos, los ciudadanos confirmarán sus actuales recelos. Por cierto que los dirigentes prepotentes sólo reforzarán esa penosa impresión.
La mayoría de los chilenos consideran que el país ha avanzado por el camino adecuado y ha obtenido grandes logros en estos años, independientemente de que manifiesten insatisfacción o expresen críticas hacia determinados aspectos de la obra de los gobiernos concertacionistas. El apoyo a la Presidenta Bachelet evidencia esa identificación con el rumbo que lleva el país y la esperanza de que la sociedad proteja cada vez mejor a todos sus miembros; esto es ostensible respecto de los cambios que buscan elevar la calidad de la educación financiada por el Estado y reformar el sistema de pensiones, puesto que allí, como en el mejoramiento de la atención de salud, se definen las posibilidades de avanzar hacia el desarrollo. Ese enorme capital está en juego cada día.
De aquí a las elecciones presidencial y parlamentaria de 2009, la competencia política estará fuertemente condicionada por la opinión que los ciudadanos vayan formándose respecto de quiénes merecen confianza. Ese es el punto clave. Influirán por cierto los indicadores economicosociales, la estabilidad política y las iniciativas que mejoren la calidad de vida de la población, pero sobre todo la percepción acerca de quiénes garantizan mejor la protección de los intereses colectivos.
Está demostrado que los políticos que ven dañada su credibilidad tienen después muchos problemas para restablecerla. Lo curioso es que algunos líderes partidarios parecen no darse cuenta del efecto devastador que tienen sus incongruencias, sus ataques enconados a los adversarios y la mezquindad que revelan en los momentos de crisis. Por ejemplo, algunos dirigentes del PPD parecen empeñados en convencernos de que lo más conveniente es tomar distancia de ellos.
El presidente de la UDI pronosticó que el actual será el último Gobierno de la Concertación. Son sus deseos por supuesto, pero ello está dentro de las reglas del juego. Ninguna fuerza tiene asegurado el favor de los ciudadanos: eso es lo más valioso de la vida en libertad. Nadie es dueño del poder. La coalición gobernante debería considerarse afortunada de tener identificados los problemas que necesita resolver con urgencia.