Educando, aprendiendo y jugando en el Bosque

La Dirección de Educación Municipal de el Bosque utiliza esta herramienta con el objetivo de que la Comunidad Escolar de el Bosque participe con comentarios, estudios y otras cosas en el Fortalecimiento de la Educación y la Cultura en nuestra Comuna.

29.12.06

El Año del Giro

El año del giro
Qué pase en adelante se relaciona más con la adaptación a las condiciones futuras que con el pasado. Se debió advertir hace mucho que el punto débil no es el Ejecutivo, sino los partidos.

Víctor Maldonado

El gobierno de Michelle Bachelet estaba llamado a tener un efecto contundente y decisivo, para bien o para mal. Y eso no era lo que muchos esperaban al inicio. Hubo quienes pensaron que éstos serían tiempos anodinos y en compás de espera, sin tomar en consideración suficiente que no eran cuatro años cualesquiera. Más que un tiempo breve, este período se demostrará intenso y decisivo. Si la gestión fracasa, es como si el tiempo se comprimiera y su desarrollo fuese como un paréntesis, unos puntos suspensivos antes de volver a la “programación habitual”. Bachelet habría sido un distractivo, un camino falso (pero atractivo, dicen magnánimos hasta los más críticos).

Sin embargo, si el primer Gobierno presidido por una mujer tiene éxito en la relación anquilosada entre ciudadanía y política, lo que ocurre produce un efecto tal que es como si el tiempo se expandiera. Temas y personajes del pasado quedan a mayor distancia, porque las áreas de interés, el debate, lo que es considerado aceptable como conducta, todo empieza a alterarse. El tiempo transcurrido aún es breve y los rostros son más o menos los mismos, pero el cambio es importante, porque el contexto se ha alterado y los códigos se han transformado. No deja de ser significativo que, en el fondo, desde un inicio, todos los personajes relevantes supieran exactamente de qué se trataba.

Ha sido más intuición que razonamiento, pero ha tenido la fuerza de una convicción. Tanto, que se percibieron con alivio las primeras dificultades en el manejo de conflicto presentadas por el Gobierno. Por supuesto, las reacciones iniciales no se destacaron por su seguridad y elegancia. Era esperable. Lo singular fue la premura con que se adelantaban los juicios. “Este Gobierno se terminó”, era una frase en las conversaciones de confianza de la “gente informada” de la Concertación en los meses inaugurales. Estas reacciones no tenían tanto que ver con un diagnóstico certero como con un intenso deseo de que se volviera “a la normalidad”, a la jerarquía natural de las cosas.

Para los que así opinan hay malas noticias, porque esos viejos y buenos tiempos no volverán. Ocurra lo que ocurra con el Gobierno, la oposición, los partidos y los líderes, lo que pase en adelante se relaciona mucho más con la adaptación a las condiciones del futuro próximo que con el regreso a cualquier momento pasado, por dorado que parezca. Lo que se debió advertir hace mucho era que el punto débil no es el Ejecutivo, sino las organizaciones partidarias.

En el Gobierno de Aylwin el actor decisivo (aparte del Presidente) fueron los partidos; en el de Frei, las figuras de Gobierno mejor relacionadas con los partidos; en el de Lagos, los líderes de Gobierno y los presidentes de partidos. Hoy, son la Presidenta y (con excepciones) los líderes de facción de los partidos. En toda la historia de la Concertación, los jefes de Estado han sido fuertes y los partidos se han debilitado. El camino ha sido del partido a la facción y de la facción a las individualidades.

La derecha siempre ha sido más débil, así que tiene menos historia, aunque se puede observar la pérdida creciente de las particularidades de la UDI, que se asemeja cada vez más al resto. Los partidos -todos, no sólo el PPD- están ahora cosechando lo que no sembraron a tiempo. Siempre supieron qué debían hacer para revertir la tendencia a la disgregación: volcarse a la generaciones de recambio (no sólo al ejercicio diario del poder y a las cámaras), formar, dar razones para seguir militando a los que no quieren cargos, sino servir, e incluso en los planteamientos más osados llegar a practicar la democracia en casa. Ahora ya no hay alternativa. Lo que se dejó de hacer por generaciones es una tarea impostergable. Es la hora de los constructores de partidos. Tarea exigente como pocas, de liderazgos emergentes, de los que disponen de tiempo y energías frescas. Por eso se acerca la hora del cambio de protagonistas.

Los partidos no están en crisis, está en crisis la idea de que los partidos son instrumentos para servirse de ellos y no organizaciones de propósitos nobles que necesitan mucho cuidado, atención y dedicación. La época de los rentistas políticos terminó. Un partido cuidado por sus militantes nunca entra en crisis.

Por eso es tan difícil que, en este momento, los problemas más serios puedan venir del Gobierno. Algunos muy livianamente creen que el Ejecutivo es más fuente de problemas que de oportunidades: eso es un desatino. Quien tenga la experiencia de la militancia partidaria sabe que una organización política puede encapsularse tanto que pierde el cable a tierra. Los partidos pueden escoger representantes que dan susto (sólo porque siempre están), pueden ahuyentar a gente valiosa, en ellos se pueden escuchar discursos que no escucharía nadie en su sano juicio y se pueden tener fuertes discusiones sobre los temas más esotéricos.

En el Gobierno no. Siempre está en contacto con los problemas, las demandas, los conflictos, los medios, la gente. Siempre está haciendo cosas, los errores se pagan, las pifias se notan de inmediato, no es posible abandonar la actitud de alerta permanente. No por nada ha sido el Ejecutivo el gran generador de liderazgo de recambio en la Concertación.

Alternativamente, el no estar en el poder no ha hecho que la derecha sea mejor ni que sus partidos sean más fuertes. Su principal fuente regeneradora son los municipios, es decir, nuevamente la acción demostrada más que la prédica.

Si éste es un año perdido, lo es para la derecha. Si el éxito se mide por la capacidad de instalar ideas, marcar presencia, aprovechar oportunidades, imponer agendas, posicionar liderazgos, ganar posiciones, la oposición tiene poco que mostrar al respecto.

La derecha no se ha movido de los altos niveles de desaprobación con los que llegó. Se tenía sobre ella un mal concepto de lo que iba a hacer y ese mal concepto se vio confirmado por la práctica. En la medida que a la oposición le ha ido más mal, no ha tendido a acentuar el diálogo o a modificar su conducta. Ha sido arrastrada por su dirigencia partidaria a marcar los colores oscuros con que mira el resultado de la gestión de gobierno.

Si estableciera matices, sería más escuchada. Pero eso está lejos de ocurrir. La derecha siempre actúa como si estuviera esperando la campaña presidencial para seguir a un líder fuerte y olvidarse del resto. Cuando hay que hacer el trabajo más cotidiano de construcción de consensos, no ha conseguido grandes resultados. Quiere la alternancia, pero quiere que le llegue como producto de una crisis ajena. Por eso sigue sin ser una alternativa.

El año se cierra con un Gobierno con mayor respaldo del que tenía cuando asumió; con una Concertación obligada a disciplinarse y la reconstitución partidaria; y con una derecha que es más agresiva que alternativa. Nos encontramos en un punto de no retorno. Lo seguro es que los cambios políticos están recién comenzando, y, sobre todo, que nadie volverá a ser el mismo. Por que lo que está en juego no es cómo se vuelve a un pasado cualquiera sino cómo nos instalamos en el porvenir.

22.12.06

Mal milico - excelente paramilitar

Mal milico; excelente paramilitar

Los casos del capitán en retiro “A-III” y “Luz Matamala” permiten aportar aproximaciones, muy subjetivas, sin abandonar el punto de vista técnico-castrense.

Camilo Taufic

VAMOS A DEJAR las ideologías de lado y a la política debajo de la alfombra, para analizar dos incidentes ocurridos durante los funerales de Pinochet. El protagonizado por (nombres supuestos) el capitán en retiro “A-III”, y por “Luz Matamala”, la fémina que rompió vidrios de ventanas ante las cámaras de TV.

Omito la real identificación de ambos, porque no se trata de una cuestión personal. El tema es la auténtica “aptitud combatiente” de los integrantes del Ejército, considerada desde un punto de vista exclusivamente técnico-profesional. Cuestión que debería estar preocupando a la opinión pública desde hace décadas. Porque sólo en la cancha se ven los gallos, y al respecto estamos a oscuras.

Si sacamos bien las cuentas, hace más de 120 años que las FFAA no se enfrentan a sangre y fuego con tropas extranjeras: Combate de La Concepción, 9 y 10 de julio de 1882; batalla de Huamachuco, 10 de julio de 1883. Incluso si le damos gusto a los fantasistas que sostienen que hubo “guerra interna” en 1973, ésta duró sólo un día -el 11 de septiembre- y se limitó a los alrededores de La Moneda.

Lo que siguió ha sido, en ocasiones, masacrar a prisioneros indefensos con las manos atadas en la espalda; ley de la fuga; fusilamientos sumarios, o disparos a la bandada contra civiles inermes en lo más desprotegido de las poblaciones periféricas de Santiago. Lamento escribir esto, pero sé que ni al más chiflado de los generales latinoamericanos se le ocurriría considerar esas acciones como ejemplo de valor o capacidad combativa. Me consta que en Chile, en el fondo de su alma, los que “tuvieron” que dar las órdenes respectivas, sienten una oscura y acuciante vergüenza por estas acciones. ¿Alguien se atrevería a negarlo, o a censurar estas líneas?

Los casos del capitán en retiro “A-III” y de la feroz “Luz Matamala”, en cambio, permiten aportar algunas aproximaciones al tema, muy subjetivas desde luego, pero sin abandonar el punto de vista técnico-castrense ni ahondar en descalificaciones políticas odiosas. Así, viendo a este parcito en la tele, él me pareció un mal soldado, y ella, una excelente paramilitar.

Aunque no se pueda ignorar el duelo personal que está viviendo a los 34 años, el capitán en retiro “A-III” no impresionó bien como eventual combatiente efectivo. Mal erguido, con el uniforme que le quedaba como poncho, algo titubeante, ciñéndose probablemente a un libreto que le prepararon, parece creíble que desde hace tiempo quería irse del Ejército, que lo suyo no era la milicia, que le cargaba haber recibido sus grados como homenaje a la familia, etc. El día del funeral, en mi concepto, “A-III” hizo lo que pudo. Cumplía una tarea, probablemente impuesta o sugerida, y no peleaba por el gusto de pelear, como la extraordinaria “Luz Matamala”.

Un amigo, fundador del FPMR y ex combatiente en Angola y Nicaragua, me dijo tras examinar esa increíble performance atacando la oficina de la constructora en Apoquindo (cito textual): -¡Por la divina chupalla, compadre!... Con cien minas como ésta no sólo nos hubiéramos echado a Pinochet, sino a todo el Estado Mayor y a la mitad del Buin.

Por mi parte, es obvio que esta dama no estaba drogada ni es una loca suelta, por muy hiperkinética y karatéquica que se haya mostrado en su faena, que no podría reproducir ni la máquina de fantasías de Hollywood. (Repito, me importa un alpiste que sea “facha” o “pinochetista” -ideologías y política aparte, ya lo dije). Pero es obvio que esta “fiera” debe pertenecer a una organización paramilitar ilícita, monitoreada por comandos secretos desde el interior de los poderes fácticos.

“Luz” es de la misma estirpe del grupo de viejas matonas, guatonas y feroces que se infiltran en las manifestaciones pinochetistas, y sin decir agua va, golpean, mechonean, hieren y botan al suelo a las ingenuas concertacionistas, o defensoras de los derechos humanos que a veces las enfrentan en las calles, creyendo que encaran sólo a adversarias políticas y no a profesionales del terror, cuidadosamente entrenadas y que aún actúan libremente cada vez que se les ocurre… a sus jefes.

“Luz Matamala”, además, no lo olvidemos ni nos hagamos los zonzos, es la misma funcionaria clandestina que frente al Hospital Militar pateó y escupió el auto y gritoneó con los más soeces insultos al ex comandante en jefe Juan Emilio Cheyre (todos la vieron) sin que le pasara absolutamente nada, dejada en libertad por las fuerza del orden y con la ayuda de otros paramilitares, o paracarabineros, que actúan impúnemente confundidos entre la multitud en estos casos.

En resumen, hay tareas pendientes para los servicios de contrainteligencia del Ejército oficial, y en cuanto a la auténtica aptitud combativa de los soldados chilenos, dejemos el juicio definitivo para cuando haya un verdadero test en el campo de batalla… ojalá que dentro de muchos, muchísimos años, o démosles de inmediato una oportunidad -y un sitio de honor- en las tareas urgentes de la reconstrucción plena de la unidad nacional.

Ley permitira jubilacion de Profesores

Ley permitirá retiro de 8 mil profesores en edad de jubilar

La Nación

Listo para ser promulgado como leyes de la República quedaron dos proyectos que fueron despachados por la Cámara de Diputados en un tercer trámite constitucional y que benefician al profesorado y al sector educacional del país y que tienen un costo total de 102 mil millones de pesos.

El primero de ellos autoriza al Ministerio de Educación para que por una sola vez, y por un monto total de 31 mil millones de dólares, otorgue anticipos de las subvenciones estatales por escolaridad a los municipios que registren desequilibrios derivados del ejercicio de la actividad educacional. El objetivo es que se apliquen los recursos al ajuste de sus dotaciones docentes; a solventar el término de la relación laboral con el personal, pagar otros países de origen legal o contractual vinculados con la gestión educativa.

La otra iniciativa aprobada forma parte de un acuerdo entre el Gobierno y el Colegio de Profesores y crea una bonificación de reconocimiento para los profesionales de la educación que se desempeñan en el sector municipal, particular subvencionado y en el técnico-profesional.

También fija un nuevo plan especial de retiro de los profesionales de la educación, incrementa la asignación de desempeño de excelencia y la asignación de excelencia pedagógica y concede un bono no imponible ni tributable para los funcionarios de la educación que se pagará en diciembre de este año y del 2009, por un monto de 110 mil y 60 mil, dependiendo de la remuneración bruta.

17.12.06

Las exequias del fiambre


Las exequias del fiambre
En ese salivazo nos sentimos representados tantos y muchos y todos los que brindamos saltando y bailando por una Alameda de fiesta que entre guanacazos y lacrimógenas celebramos a poto suelto el último suspiro de la bestia.
Nación Domingo

Por Pedro Lemebel
Y ocurrió sin más ni más, que el hinchado dictador paró las patas y corrieron los generales, escoltas, cadetes y toda la fanfarria milica por el barrio alto dándose ladrillazos en el pecho por la estrepitosa muerte del ogro chileno. Un gran bufido, un flato funerario y por fin dejó este mundo la pesadilla golpista. Era para no creerlo, parecía blindado el viejo arcabuz que no quería someterse al juicio postmortem. Si había escapado a tantas querellas por crímenes y atrocidades como un batracio resbaloso que llegó al fin de su vida sin ser condenado. Y quizás, esa mueca burlona frente a la justicia quedó estampada en la vitrina de su féretro que recibió el escupitajo del joven esperando largas horas y años para darse el gusto de gargajear esa risa macabra. Y en ese salivazo nos sentimos representados tantos y muchos y todos los que brindamos saltando y bailando por una Alameda de fiesta que entre guanacazos y lacrimógenas celebramos a poto suelto el último suspiro de la bestia o el típico dictador de derecha, como bien lo dijo el ministro del Interior. Pero quedó en el aire cierta decepción, un vacío abyecto que dejó la impunidad. Esa gran deuda con la justicia quedará como una mancha siniestra en la historia del Poder Judicial lavándose las manos con las excusas de: no se pudo, faltó tiempo, retrasos y papeleos que tramitaron la condena esperada por años.
Solamente tuvo que restringirse al barrio alto el teatro decadente del custodiado funeral. Y se lo llevaron rapidito, volando sobre Santiago, por el miedo a que el pueblo tomara venganza con los despojos putrefactos. No pudo hacer el camino de nuestros muertos. Ni Alameda, ni avenida La Paz, ni La Pérgola, ni Recoleta, ni la entrada fastuosa al Cementerio General que tuvo la grandiosa Gladys bajo una lluvia de pétalos rojos. Para el tirano sólo hubo un funeral apresurado, un sepelio de emergencia con los miles de pinochetistas cagados de calor esperando ver al fiambre en vitrina. Nunca pensamos que fueran tantos, estaban escondidos en sus cuevas con la crueldad facha tajeada en la boca. La derecha estuvo casi toda al pie del cajón, boqueando secos como lagartos al sol. No sé cuántos responsos, rosarios y misas de curas castrenses, donde no faltó el beato de la tele con su vocecita de veterana amante de los bototos. Unos obreros de la constru le gritaron asesino desde los andamios, y una cuica demonio de Tasmania desató su furia contra los cristales de la inmobiliaria. Esos trabajadores eran el pueblo digno que hasta el final lo reconoció como lo que fue.
La noticia acaparó noticiarios, reportajes, y algunos conocidos periodistas y conductores de los canales hablaban con un nudo en la garganta refiriéndose al muerto como ex Presidente, mi general, cuando el mundo entero exclamaba murió el dictador. Y otra vez vimos en las pantallas chilenas a los lamebotas, ex ministros, ex asesores de la Junta, haciendo gárgaras por justificar el genocidio. Repugnantes personajes que se empeñan en maquillar el horror con el supuesto brillo económico. También la farándula estuvo triste, vistió de luto, develando su descaro pinochetista. Sólo una rubia bipolar desfiló por la Alameda punteada y manoseada por los locos de la pobla brava. Ella se dice ex comunista, pero a nadie le consta. Ojalá no me siga nombrando en su mugre de telefarándula, porque no soy su amigo. No tengo amistad con los que se babosean con el fascismo. Ni olvido, ni perdón, ni reconciliación pascuera. Así de claro. Y la lucha por la justicia sobre el resto de los cómplices sigue más allá de la muerte del saurio. Tras el humo negro y fétido de su cremación quedó un país dividido para siempre. Una zanja de muertos sin cuerpo imposible de clausurar con la venia piadosa del perdón. En las calles de la celebración encontré a tantos amigos que no veía por años, y la emoción nos hizo recordar a otros que ya no están y se fueron sin saber el destino de sus desaparecidos. Pero esa melancolía era lo único que nublaba el dichoso sol donde las banderas rojas animaban el bullicioso carnaval. Familias enteras recorrían la Alameda alfombrada de serpentinas, y hasta los perros vagos meneaban la cola ladrando contentos en la tarde multicolor. LND

14.12.06

Más allá de la tumba

Más allá de la tumba
Cuando se hace demasiado absorbente, la memoria histórica es sólo un mecanismo para desentenderse del presente, el único espacio en que puede incubarse un nuevo Pinochet.
Matías Valles
La fuga de Pinochet confirma que también se puede odiar más allá de la muerte, a falta tan sólo de comprobar si se puede empezar a aborrecer a alguien después de su desaparición. La confusión entre la disolución y la absolución del tirano conlleva la presunción de que la muerte no es lo peor que podría sucederle.
Además de exagerar el influjo de nuestra repulsión, la decepción ante un cadáver insuficiente omite un triunfo mayor que cualquier ajusticiamiento. En el fogonazo previo a su extinción, nadie eximió al general de la sensación de que había fracasado. De que le sobrevivían.
La muerte no puede ser juzgada, pero hay enemigos de Pinochet que, en otra variante de la nostalgia, la interpretan como una liberación del reo.
Olvidan que ninguna condena judicial alterará la proporción entre quienes lo consideramos un tirano y quienes lo adoran como un salvador. A propósito, y aunque sea impropio de un periodista, me apetece confesar un error. Condené la persecución judicial del dictador anciano como una distracción de males más acuciantes.
Sin embargo, la presión y la prisión de Garzón sirvieron para que un general israelí no se apee del avión en Londres, por miedo.
O para que Margaret Thatcher y Henry Kissinger soliciten informes jurídicos antes de volar al extranjero. O para que Donald Rumsfeld acabe su vida sin salir del perímetro de Estados Unidos y sus colonias.
El fallecimiento de Pinochet me parece castigo sobrado, frente a los abolicionistas que en este caso tachan la pena de muerte de insuficiente. Chile pudo hacer la transición a la democracia con el dictador incordiando.
España tuvo que aguardar a la defunción de Francisco Franco, en la misma cama y con la misma postración que el dictador chileno. Lamentar que sólo hayan muerto equivale a concederles una última victoria -“me seguiréis odiando, nunca os curaréis de mi obsesión”-.
Cuando se hace demasiado absorbente, la memoria histórica es sólo un mecanismo para desentenderse del presente, el único espacio en que puede incubarse un nuevo Pinochet.

La Muerte de Pinochet

La muerte de Pinochet

“YO NO CONOZCO eso de los derechos humanos. Éstos son una invención muy sabia de los marxistas”. Así pensaba el ex dictador Augusto Pinochet, quien, paradójicamente, acabó muriendo cuando se recordaba el Día Internacional de los DDHH. Pero ésas son coincidencias porque el resto es un país dividido que hacia el futuro tendrá que empezar a cicatrizar heridas si no quiere acabar más enfrentado de lo que ya está. El domingo, sus adherentes reclamaron un funeral de Jefe de Estado, mientras quienes todavía lloran por sus muertos y desaparecidos festejaban con champaña. Hacia adelante, los primeros impulsarán que el ex dictador sea sobreseído de todas las causas en su contra, mientras sus acusadores persistirán en ellas porque creen que quienes padecieron de amnesia hoy podrán recuperar la memoria.
La muerte se llevó a Pinochet antes de que le llegara la justicia, como en el caso de otros dictadores. A pesar de ello, subsiste el problema de las familias que durante años buscaron, sin suerte, los restos de sus seres queridos. Así como el cuerpo incinerado de Pinochet fue entregado a su familia siguiendo su última voluntad, los demás hogares que un día perdieron a hijos, hermanos y padres también tienen el derecho de saber en qué tumba orar. Los procesos contra el ex dictador comenzaron en 1998, después de que el Partido Comunista presentara la primera querella admitida en trámite. Luego llegaron más de 300 demandas por delitos de lesa humanidad, tráfico de dinero y deudas con el fisco.
El Ejército nunca quiso aportar con información sobre estas muertes con el argumento de que no contaba con ninguna, algo muy difícil de creer. Ahora se tiene la esperanza de que con la muerte de Pinochet termine su silencio. Aunque no será fácil por cuanto los militares creen que el ex dictador fue una especie de salvador. El almirante retirado y actual senador Jorge Arancibia decía el domingo que el Poder Ejecutivo actual no quiere rendirle los honores que corresponden a un ex Presidente porque pueden más el odio y resentimiento de quienes no le perdonan haber “salvado a Chile de una dictadura comunista”. El que estará en el centro incómodo de las divergencias, en todo caso, el Gobierno de Michelle Bachelet, que ya pasó su primer examen con cierta dificultad cuando tardó horas en decidir qué posición asumiría frente a la muerte del ex gobernante de facto. Al final, optó por una salida considerada prudente a nivel internacional: sólo los militares le rindieron honores como a cualquier ex comandante castrense, pero no el Poder Ejecutivo.
La Prensa
La Paz, Bolivia

El fallecimineto de un dictador

The GuardianEl fallecimiento de un dictador
Chile ha avanzado mucho: su actual Presidenta es Michelle Bachelet, socialista, agnóstica, divorciada, madre soltera e hija de una de sus víctimas. Eso en sí es una retribución bastante importante.
The Guardian
ES POCO PROBABLE que los amigos y enemigos de Augusto Pinochet hayan cambiado su opinión de él tras su muerte, la cual debida a una extraña pero adecuada coincidencia ocurrió en el Día Mundial de los Derechos Humanos. En consecuencia, hubo lágrimas de parte del poco más de un tercio de chilenos que según los cálculos aún veneran al general, enterrado con todos los honores militares, como el hombre que habría salvado a la nación en 1973. Pero en Chile, América Latina y alrededor del mundo, hubo muchos que celebraron su muerte, recordándolo como el dictador que torturó y asesinó a miles de compatriotas después de derrocar al Gobierno electo.
Ahora que está muerto, así como en vida, esta historia tiene repercusiones mucho más allá de su propio país. Las circunstancias locales en las cuales se apropió del poder se entrelazaron fatalmente con la guerra fría global en la cual Estados Unidos actuó despiadadamente para aplastar el tipo de desafío izquierdista que percibió en la figura de Salvador Allende, el Presidente marxista que murió cuando su palacio estaba siendo atacado. Las expresiones de pesar tras la muerte de Pinochet acarrean ecos de un pasado no llorado.
La “tristeza” de Margaret Thatcher, agradecida por la asistencia de los chilenos en la guerra de las Malvinas, reflejó sus sentimientos por un derechista autoritario y anticomunista en un continente donde las juntas militares eran, en ese entonces, lugar común. Sería fascinante también saber qué piensa ahora Henry Kissinger, arquitecto de los cálculos de la realpolitik de Washington destinados a vigilar su “patio trasero”. Cualquier satisfacción por el fallecimiento de Pinochet ha sido templada por el amargo remordimiento de saber que nunca fue condenado por el asesinato de 3 mil 200 personas, además de la tortura y exilio de muchos miles más. Familias enteras fueron destrozadas por la represión salvaje que desató sobre el país a medida que toda la vida democrática fue ahogada bajo un manto de censura e intimidación efectuada por la policía secreta.
La imagen de los presos políticos apiñados en un estadio de fútbol santiaguino se transformó en un símbolo de las dictaduras latinoamericanas. El general, en tanto, con sus siniestras gafas y uniforme de Ruritania, personificaba el terrorismo de Estado aun cuando sus métodos fueron emulados en Argentina y Uruguay. Hoy, todo esto es recordado mucho más vívidamente que la “estabilidad” que introdujo en Chile (a la sazón sin sindicatos) cortesía de economistas entrenados en Chicago que impulsaron la privatización y desregulación a gran escala y generaron un desempleo que alcanzaba a buena parte del país en 1990, cuando Pinochet abandonó el poder.
Sin embargo, aunque los esfuerzos por juzgarlo fracasaron en última instancia, no fueron enteramente infructuosos. El proceso iniciado por el valiente juez español Baltasar Garzón, en 1998, dio lugar para su detención acusado de crímenes de guerra en Gran Bretaña y el fallo clave del la Cámara de los Lores que lo declaró un candidato apto para la extradición, pese a que sus víctimas fueron estafadas por aquel consejo médico que lo declaró demasiado enfermo como para ser juzgado. Todo eso ayudó a corroer lo que hasta entonces había sido una posición inexpugnable. También desafió la antigua doctrina de la inmunidad soberana, que establecía que los ex jefes de Estado no podían ser procesados por crímenes cometidos durante sus mandatos.
Slobodan Milosevic terminó en la corte de La Haya y (aunque en circunstancias distintas) Sadam Hussein en Bagdad, debido a que esa impunidad y esa inmunidad ya no existen. Hoy, la Corte Penal Internacional, que aún es objeto de la desaprobación de los herederos de Kissinger, proporciona una red de seguridad para cuando los sistemas legales nacionales no logran su cometido.
La vuelta de Pinochet de Londres ayudó a acelerar un proceso de catarsis nacional en la que las acusaciones de robo y fraude macularon su reputación entre sus adherentes. Su admisión de “responsabilidad política” evitó el tema del arrepentimiento y enfatizó la necesidad por un juicio formal que permita que esta sociedad herida castigue a los culpables. Ese proceso nunca se completó.
Pero Chile ha avanzado mucho: su actual Presidenta es Michelle Bachelet, socialista, agnóstica, divorciada, madre soltera e hija de una de las víctimas de Pinochet. Eso en sí es una retribución bastante importante, y significa cierto consuelo para el dolor de un terrible pasado.

Mensaje de la Presidenta por la muerte del dictador



PRESIDENTA DIJO QUE HA ACTUADO PENSANDO EN EL BIEN DE TODOS LOS CHILENOSBachelet explica decisión sobre Pinochet y lo define como “referente de división”
Ayer la Mandataria señaló que “hay momentos para actuar y momentos para hablar”. Indicó que el deceso del dictador fue “el minuto para actuar de la hija del general Bachelet, que es sobre todo Presidenta de los chilenos”. Asimismo dijo que “he tomado decisiones, he actuado, he garantizado lo que me parece que un Presidente de la República tiene que hacer ante una situación que podría tener altísima conflictividad”.
Carolina Miranda
La Nación
Varios simbolismos se fraguaron tras la muerte del general Augusto Pinochet Ugarte. El nieto del asesinado comandante en jefe del Ejército, Carlos Prats, Francisco Cuadrado, ingresó a la Escuela Militar para escupir el féretro del fallecido militar; el capitán Augusto Pinochet Molina pronunció un encendido discurso en las exequias de su abuelo; y la ministra de Defensa, Vivianne Blanlot, hija de coronel y nieta de general de Ejército, asistió, en medio de pifias, al funeral.
La Presidenta Michelle Bachelet -hija del general de la FACH Alberto Bachelet, que murió de un infarto producto de las torturas en 1974- también tuvo un gesto potente en este momento histórico: “Entender que es Presidenta de todos los chilenos”. Por ello, ayer la Mandataria se refirió por primera vez directamente a Pinochet y explicó que “hay momentos para actuar y momentos para hablar”. Indicó que el deceso del dictador fue “el minuto para actuar de la hija del general Bachelet, que es sobre todo Presidenta de los chilenos”.
“Yo aquí he tomado decisiones, he actuado, he garantizado lo que me parece que un Presidente de la República tiene que hacer ante una situación que podría tener altísima conflictividad por las pasiones y sentimientos que produce”, afirmó ante la efervescencia política que se ha vivido desde el domingo 10.
En este sentido, afirmó que su decisión de no decretar honores de Jefe de Estado a Pinochet la detallará “la próxima semana cuando los ánimos estén más calmados”.
“He actuado con el convencimiento de que mi rol como Presidenta me significa mirar por el bien de todos en el país. Chile con el esfuerzo de todos ha consolidado una democracia fuerte, sólida y estable. Los chilenos hemos logrado reencontrarnos, ha sido nuestro más preciado bien y debemos defenderlo”, dijo.
En referencia al quiebre político que se ha apreciado en el país por la muerte de Pinochet, la gobernante postuló que “se han visto expresiones de división que por momentos nos recordaron los tristes episodios que Chile superó”.
“La muerte del general amenazaba con dividir a los chilenos nuevamente, dadas las fuertes emociones y sentimientos que provocaría en nuestros ciudadanos este hecho. Por eso, para la Presidenta de la República, éste era el momento de actuar; era el momento de garantizar la paz social y el orden público, de evitar los enfrentamientos entre las partes y permitir las manifestaciones legítimas en democracia”, adujo.
Bachelet manifestó que el protocolo aplicado en los funerales correspondió a una planificación realizada con “anticipación y precisión”, lo que se reflejó en que “el país se mantuvo sin mayores alteraciones de orden público y también en plena normalidad”. Se logró, concluyó, actuar “con prudencia, pero a la vez con firmeza y con visión histórica”. Según fuentes de Gobierno, el acuerdo sobre el modo de operar ante el fallecimiento de Pinochet se pactó entre Bachelet, siendo ministra de Defensa, y el ex comandante en jefe Juan Emilio Cheyre en 2004. Este acuerdo lo validó el entonces Presidente Ricardo Lagos.
Sin embargo, el general Óscar Izurieta también fue parte del entendimiento.
FUTURO DEL PAÍS
“Siempre he dicho que en Chile caben todos, que aspiro a un país integrado. Por lo mismo ha habido espacio tanto para la expresión del dolor de algunos y de los sentimientos de otros”, agregó ayer Bachelet.
Respecto de lo que significa para La Moneda la muerte de Pinochet, la Jefa de Estado argumentó que “simboliza la partida de un referente de un clima de divisiones en el país, de odios, de violencia”.
En todo caso, precisó que su deceso no marcará el inicio de una nueva etapa, porque ésta comenzó en 1990 cuando se logró la democracia y se inició el proceso de consolidación de las instituciones civiles y de reencuentro entre los ciudadanos. “En la historia que Chile tiene, los dolores persisten por mucho tiempo y los sentimientos persisten. Sin embargo, estoy convencida de que la gran mayoría de los chilenos lo que quiere es seguir construyendo un presente y un futuro, donde todos tengan una mejor forma de vivir en nuestra patria”.
Pese a la normalidad con que La Moneda continúo sus labores en estos días, existe certeza de que se experimentó el momento de mayor tensión en el nexo cívico-militar. La determinación del Ejecutivo de no brindar funerales de ex Presidente a Pinochet caló hondo en la institución, que el mismo domingo, tras conocerse el deceso del jefe militar, decidió suscribir una inserción en “El Mercurio” lamentando el fallecimiento y reconociendo su calidad de ex Presidente de la República. Esto irritó a La Moneda, aunque se decidió no escalar un conflicto con la institución castrense.LN