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26.10.06

Las cartas del General

Las cartas de Alberto Bachelet

Jordi Lloret
Fui con mi hija Marina a ver el documental “La hija del general” de María Eugenia Wood, la misma periodista coeditora del libro que titula esta columna. A mi princesa diaguita le gustó que la llevara a ver una peli sobre la primera chilena que es elegida por el pueblo como su Presidenta.
El libro tiene un prólogo de la viuda del general, valiente mujer, que supo enfrentar tan feroz momento de su vida, de nuestras vidas, con entereza e inyectando ánimo y amor a su hombre preso injustamente.
Tiene fotos de familia, bocetos de las cartas que escribió en los varios lugares en que fue detenido, escritas con su mano zurda.
Hay una foto hermosa donde salen dos manos aferradas a unos barrotes, un Quijote, trabajos en cobre.
Alberto Bachelet lo primero que escribe son sus cartas de renuncia a la Fuerza Aérea, a un club de tiro y de fútbol, ambas instituciones que ayudó a formar.
Adoraba Chile y le gustaba disfrutar en camping la naturaleza privilegiada que tenemos. Por eso no me extraña que la Presidenta recuerde a tan gran padre en medio de los bosques nativos que bordean el lago Caburgua.
Hombre de honor, masón como Allende, también prefirió quedarse pese a los ofrecimientos que se le hicieron de irse del país o de asilarse en alguna embajada.
Estaba seguro de que la verdad es inocente. Le costaba entender cómo camaradas de armas, con los cuales se crió durante treinta años, de la noche a la mañana se transformaran en monstruos perversos.
Tanto -miedo con levadura- que nos teníamos unos a otros.
Su prosa epistolar es directa en el compromiso con la república que le dio su ética profundamente humanista. Es simple y desideologizada. Culta pero sin caer en alardes barrocos. Por esto, es que cuando escucho el cacareo de que la Presidenta no tiene liderazgo, que no da la talla y otras linduras parecidas, me da risa. Cuando tienes padres como los que tiene la Presidenta, creo que sales con el alma enorme y difícilmente te van a contar el cuento del tío.
A su amigo Hugo en noviembre de 1973: “¿estuve equivocado, erré el camino? ¿Los conceptos de libertad, igualdad y fraternidad que proclamó la Revolución Francesa como postulados valederos perdieron vigencia, aún cuando los situemos en el presente siglo? ¿Es que la tolerancia murió? ¿Y que pasó con la dignidad hacia el hermano?”
A su mujer: “Me dices que me admiras. No, mamy. Si valgo algo, si algo he hecho, si algún grado de participación he tenido en un proceso que ha quedado transitoriamente detenido, te lo debo exclusivamente a ti, que has sabido en todos los años que te conozco, que ya son varios, inculcarme un espíritu de lucha y un deseo de justicia, de igualdad, de derecho para todos nuestros semejantes. Febrero del ‘74”.
Es un honor poder comentar el libro de un hombre como el general de aviación Alberto Bachelet. Reincorporado con los honores que se merece a su institución y al corazón del pueblo chileno.
Treinta años después aquí estamos don Alberto, recordando su altura, enseñando a nuestros hijos el valor de la democracia, la fraternidad y la justicia.
Nunca los bombarderos volverán a tomar rumbo a La Moneda.