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22.12.06

Mal milico - excelente paramilitar

Mal milico; excelente paramilitar

Los casos del capitán en retiro “A-III” y “Luz Matamala” permiten aportar aproximaciones, muy subjetivas, sin abandonar el punto de vista técnico-castrense.

Camilo Taufic

VAMOS A DEJAR las ideologías de lado y a la política debajo de la alfombra, para analizar dos incidentes ocurridos durante los funerales de Pinochet. El protagonizado por (nombres supuestos) el capitán en retiro “A-III”, y por “Luz Matamala”, la fémina que rompió vidrios de ventanas ante las cámaras de TV.

Omito la real identificación de ambos, porque no se trata de una cuestión personal. El tema es la auténtica “aptitud combatiente” de los integrantes del Ejército, considerada desde un punto de vista exclusivamente técnico-profesional. Cuestión que debería estar preocupando a la opinión pública desde hace décadas. Porque sólo en la cancha se ven los gallos, y al respecto estamos a oscuras.

Si sacamos bien las cuentas, hace más de 120 años que las FFAA no se enfrentan a sangre y fuego con tropas extranjeras: Combate de La Concepción, 9 y 10 de julio de 1882; batalla de Huamachuco, 10 de julio de 1883. Incluso si le damos gusto a los fantasistas que sostienen que hubo “guerra interna” en 1973, ésta duró sólo un día -el 11 de septiembre- y se limitó a los alrededores de La Moneda.

Lo que siguió ha sido, en ocasiones, masacrar a prisioneros indefensos con las manos atadas en la espalda; ley de la fuga; fusilamientos sumarios, o disparos a la bandada contra civiles inermes en lo más desprotegido de las poblaciones periféricas de Santiago. Lamento escribir esto, pero sé que ni al más chiflado de los generales latinoamericanos se le ocurriría considerar esas acciones como ejemplo de valor o capacidad combativa. Me consta que en Chile, en el fondo de su alma, los que “tuvieron” que dar las órdenes respectivas, sienten una oscura y acuciante vergüenza por estas acciones. ¿Alguien se atrevería a negarlo, o a censurar estas líneas?

Los casos del capitán en retiro “A-III” y de la feroz “Luz Matamala”, en cambio, permiten aportar algunas aproximaciones al tema, muy subjetivas desde luego, pero sin abandonar el punto de vista técnico-castrense ni ahondar en descalificaciones políticas odiosas. Así, viendo a este parcito en la tele, él me pareció un mal soldado, y ella, una excelente paramilitar.

Aunque no se pueda ignorar el duelo personal que está viviendo a los 34 años, el capitán en retiro “A-III” no impresionó bien como eventual combatiente efectivo. Mal erguido, con el uniforme que le quedaba como poncho, algo titubeante, ciñéndose probablemente a un libreto que le prepararon, parece creíble que desde hace tiempo quería irse del Ejército, que lo suyo no era la milicia, que le cargaba haber recibido sus grados como homenaje a la familia, etc. El día del funeral, en mi concepto, “A-III” hizo lo que pudo. Cumplía una tarea, probablemente impuesta o sugerida, y no peleaba por el gusto de pelear, como la extraordinaria “Luz Matamala”.

Un amigo, fundador del FPMR y ex combatiente en Angola y Nicaragua, me dijo tras examinar esa increíble performance atacando la oficina de la constructora en Apoquindo (cito textual): -¡Por la divina chupalla, compadre!... Con cien minas como ésta no sólo nos hubiéramos echado a Pinochet, sino a todo el Estado Mayor y a la mitad del Buin.

Por mi parte, es obvio que esta dama no estaba drogada ni es una loca suelta, por muy hiperkinética y karatéquica que se haya mostrado en su faena, que no podría reproducir ni la máquina de fantasías de Hollywood. (Repito, me importa un alpiste que sea “facha” o “pinochetista” -ideologías y política aparte, ya lo dije). Pero es obvio que esta “fiera” debe pertenecer a una organización paramilitar ilícita, monitoreada por comandos secretos desde el interior de los poderes fácticos.

“Luz” es de la misma estirpe del grupo de viejas matonas, guatonas y feroces que se infiltran en las manifestaciones pinochetistas, y sin decir agua va, golpean, mechonean, hieren y botan al suelo a las ingenuas concertacionistas, o defensoras de los derechos humanos que a veces las enfrentan en las calles, creyendo que encaran sólo a adversarias políticas y no a profesionales del terror, cuidadosamente entrenadas y que aún actúan libremente cada vez que se les ocurre… a sus jefes.

“Luz Matamala”, además, no lo olvidemos ni nos hagamos los zonzos, es la misma funcionaria clandestina que frente al Hospital Militar pateó y escupió el auto y gritoneó con los más soeces insultos al ex comandante en jefe Juan Emilio Cheyre (todos la vieron) sin que le pasara absolutamente nada, dejada en libertad por las fuerza del orden y con la ayuda de otros paramilitares, o paracarabineros, que actúan impúnemente confundidos entre la multitud en estos casos.

En resumen, hay tareas pendientes para los servicios de contrainteligencia del Ejército oficial, y en cuanto a la auténtica aptitud combativa de los soldados chilenos, dejemos el juicio definitivo para cuando haya un verdadero test en el campo de batalla… ojalá que dentro de muchos, muchísimos años, o démosles de inmediato una oportunidad -y un sitio de honor- en las tareas urgentes de la reconstrucción plena de la unidad nacional.